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sábado, 19 de octubre de 2019

DOMINGO 20 DE OCTUBRE




VIDA NUEVA
El poder de la Oración
Evangelio: san Lucas 18, 1-8: Hay orar siempre y sin desanimarse”
La verdadera vida cristiana se vive entre dos: Dios con nosotros, nosotros con Él. Claro que nuestra solidaridad de pueblo de Dios hace que en Él encontremos a todos nuestros hermanos, y que Él quiera encontrarnos en estrecha unión con ellos. Esto implica que necesariamente se dé entre Dios y nosotros un diálogo, una comunidad de búsquedas, un mutuo e intenso amor. Lo vivimos con mayor frecuencia de lo que somos conscientes.
El nombre de Dios aflora muchas veces, casi espontáneamente, en nuestros labios. Tendemos hacia Él las manos y la mirada, lo invocamos incluso cuando nos sentimos lejanos de Él. Y Dios es un amor que nos sigue en todos nuestros momentos y en todos nuestros caminos. En todas esas expresiones hay oración.
La liturgia de hoy (domingo 29 del tiempo ordinario) nos invita a tomar conciencia de la necesidad de una oración consciente en nuestra vida, de buscar el porqué de esa necesidad, de cómo debe ser nuestra oración. La oración es necesaria en el ejercicio de la vida cristiana. Un cristiano que no ora no es en verdad cristiano.
Iglesia que ora
Lucas enfatiza mucho la oración. En primer lugar, la de Jesús, quien en su evangelio es un hombre de oración, en contacto constante con el Padre. Lo vemos orando en todos los momentos claves de su vida y su misión. La oración estaba íntimamente unida a su vida y a las decisiones que debía tomar para poder ser fiel al proyecto del Padre. En segundo lugar, «orar sin desfallecer» es una expresión recurrente en el NT. porque era un rasgo característico de la primera comunidad cristiana.  ¿Es también un rasgo que nos caracteriza a nosotros?
También debemos ser una comunidad orante. No sólo Dios espera que cada uno le haga oír su necesidad sino que la Iglesia entera le clame sin descanso. En todo momento, en cualquier sitio del mundo, la Iglesia debe estar reunida para celebrar la Eucaristía y orar.
Una necesidad urgente nos recuerda este Domingo: que el Evangelio llegue a todos los pueblos de la tierra. Tenemos que empezar por nuestra propia familia, nuestro ambiente, nuestra patria. Necesitamos una nueva evangelización, volver a descubrir el gozo y el dinamismo salvador del Evangelio. Y sentir también que mientras haya hombres que no conozcan a Jesucristo Salvador algo y mucho faltará en el mundo. (Jornada Mundial de las Misiones)
Orar siempre
La Palabra nos habla de la necesaria presencia de Dios en la vida del hombre. La oración sin descanso que quiere el evangelio ha sido una de las preocupaciones de muchos místicos. Por una parte es una exigencia del evangelio y por otra parece muy ajena a la realidad del hombre sumergido en mil distracciones y ocupaciones. La victoria del hombre sobre el mal se debe a esa oración incansable como la de Moisés. La insistencia ante Dios en medio de la angustia humana debe tener la medida de la súplica incesante de la viuda. La oración en el cristiano no debe tener vacíos ni intermitencias. ¿Cómo lograrlo? Ir más allá de las simples fórmulas. La oración crece, madura, se simplifica se perfecciona con el caminar del ejercicio de la vida cristiana. Tiene que llegar a ser una mirada incansable hacia el misterio de Dios como en la contemplación mística.
Pero en el diario vivir el pensamiento amoroso de Dios nos debe ser frecuente y familiar. Que no venga sólo por causa de situaciones angustiosas. Que nazca del reposo y la serenidad de un corazón que adora, alaba, bendice, da gracias, pide perdón y se entrega en manos de Dios. Que no sea solamente una experiencia individual, sino que tenga también la dimensión de nuestra vida social, comunitaria. Todas las angustias y luchas de los hombres nos deben ser propias y deben despertar en nosotros una amplitud solidaria que tenga las dimensiones de la humanidad.
Relación con la Eucaristía : La Eucaristía es la mediación de Jesús por todos nosotros. Al celebrarla y participar en ella entramos en esta dimensión de la oración. La Eucaristía es plegaria, en el más pleno sentido de la palabra, es acción de gracias por excelencia, es presencia singular y única: es decir, es oración plena.

jueves, 17 de octubre de 2019

JUEVES 17 DE OCTUBRE




Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Jueves XXVIII del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 11,47-54): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido».

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.
Comentario:Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz (El Montanyà, Barcelona, España)
«¡(...) edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron!»
Hoy, se nos plantea el sentido, aceptación y trato dado a los profetas: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán» (Lc 11,49). Son personas de cualquier condición social o religiosa, que han recibido el mensaje divino y se han impregnado de él; impulsados por el Espíritu, lo expresan con signos o palabras comprensibles para su tiempo. Es un mensaje transmitido mediante discursos, nunca halagadores, o acciones, casi siempre difíciles de aceptar. Una característica de la profecía es su incomodidad. El don resulta molesto para quien lo recibe, pues le escuece internamente, y es incómodo para su entorno, que hoy, gracias a Internet o los satélites, puede extenderse a todo el mundo.

Los contemporáneos del profeta pretenden condenarlo al silencio, lo calumnian, lo desacreditan, así hasta que muere. Llega entonces el momento de erigirle el sepulcro y de organizarle homenajes, cuando ya no molesta. No faltan actualmente profetas que gozan de fama universal. La Madre Teresa, Juan XXIII, Monseñor Romero... ¿Nos acordamos de lo que reclamaban y nos exigían?, ¿ponemos en práctica lo que nos hicieron ver? A nuestra generación se le pedirá cuentas de la capa de ozono que ha destruido, de la desertización que nuestro despilfarro de agua ha causado, pero también del ostracismo al que hemos reducido a nuestros profetas.

Todavía hay personas que se reservan para ellas el “derecho de saber en exclusiva”, que lo comparten —en el mejor de los casos— con los suyos, con aquellos que les permiten continuar aupados en sus éxitos y su fama. Personas que cierran el paso a los que intentan entrar en los ámbitos del conocimiento, no sea que tal vez sepan tanto como ellos y los adelanten: «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido» (Lc 11,52).

Ahora, como en tiempos de Jesús, muchos analizan frases y estudian textos para desacreditar a los que incomodan con sus palabras: ¿es éste nuestro proceder? «No hay cosa más peligrosa que juzgar las cosas de Dios con los discursos humanos» (San Juan Crisóstomo).

miércoles, 16 de octubre de 2019

MIERCOLES 16 DE OCTUBRE




Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Miércoles XXVIII del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 11,42-46): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».
Comentario:+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol (Igualada, Barcelona, España)
«Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello»
Hoy vemos cómo el Divino Maestro nos da algunas lecciones: entre ellas, nos habla de los diezmos y también de la coherencia que han de tener los educadores (padres, maestros y todo cristiano apóstol). En el Evangelio según san Lucas de la Misa de hoy, la enseñanza aparece de manera más sintética, pero en los pasajes paralelos de Mateo (23,1ss.) es bastante extensa y concreta. Todo el pensamiento del Señor concluye en que el alma de nuestra actividad han de ser la justicia, la caridad, la misericordia y la fidelidad (cf. Lc 11,42).

Los diezmos en el Antiguo Testamento y nuestra actual colaboración con la Iglesia, según las leyes y las costumbres, van en la misma línea. Pero dar valor de ley obligatoria a cosas pequeñas —como lo hacían los Maestros de la Ley— es exagerado y fatigoso: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!» (Lc 11,46).

Es verdad que las personas que afinan tienen delicadezas de generosidad. Hemos tenido vivencias recientes de personas que de la cosecha traen para la Iglesia —para el culto y para los pobres— el 10% (el diezmo); otros que reservan la primera flor (las primicias), el mejor fruto de su huerto; o bien vienen a ofrecer el mismo importe que han gastado en el viaje de descanso o de vacaciones; otros traen el producto preferido de su trabajo, todo ello con este mismo fin. Se adivina ahí asimilado el espíritu del Santo Evangelio. El amor es ingenioso; de las cosas pequeñas obtiene alegrías y méritos ante Dios.

El buen pastor pasa al frente del rebaño. Los buenos padres son modelo: el ejemplo arrastra. Los buenos educadores se esfuerzan en vivir las virtudes que enseñan. Esto es la coherencia. No solamente con un dedo, sino de lleno: Vida de Sagrario, devoción a la Virgen, pequeños servicios en el hogar, difundir buen humor cristiano... «Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas» (San Josemaría).
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Mensaje enviado de comunicacion@evangeli.net a hbaryona@gmail.com

martes, 15 de octubre de 2019

MARTES 15 DE OCTUBRE




Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».
Comentario:Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez (Rubí, Barcelona, España)
«Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros»
Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.

Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.

Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.