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viernes, 30 de septiembre de 2016

VIERNES 30 DE SEPTEIMBRE



 
30 Sept. 2016 / san Jerónimo, presbítero y doctor de la iglesia / Memoria obligatoria / Blanco
 
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PRIMERA LECTURA
¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes  a la mañana o has llegado hasta  donde nace el mar?
Del libro de Job  38, 1.12-21; 40, 3-5
 
El Señor le habló a Job desde el seno de la tormenta y le dijo: “¿Acaso alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana o le has señalado su lugar a la aurora, para que ciña a la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados; para que ponga de relieve sus contornos y la tiña de colores como un vestido; para que prive a los malvados del amparo de las tinieblas y acabe con el poder del hombre criminal?
¿Has llegado hasta donde nace el mar o te has paseado por el fondo del océano? ¿Se te han franqueado las puertas de la muerte o has visto los portones del país de los muertos? ¿Has calculado la anchura de la tierra? Dímelo, si lo sabes.
¿Sabes en dónde vive la luz y en dónde habitan las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su morada o enseñarles el camino de su casa? Si lo sabes, es que para entonces tú ya habrías nacido y el número de tus años sería incontable”.
Job respondió al Señor:
“He hablado a la ligera, ¿qué puedo responder? Me taparé la boca con la mano. He estado hablando y ya no insistiré más; ya no volveré a hablar”.




Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL  
Del salmo 138

R/. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú me conoces, Señor, profundamente: / tú conoces cuándo me siento y me levanto, / desde lejos sabes mis pensamientos, / tú observas mi camino y mi descanso, / todas mis sendas te son familiares. R/.
¿A dónde iré yo lejos de ti? / ¿Dónde escaparé de tu mirada? / Si subo hasta el cielo, allí estás tú; / si bajo al abismo, allí te encuentras. R/.
Si voy en alas de la aurora / o me alejo hasta el extremo del mar, / también allí tu mano me conduce / y tu diestra me sostiene. R/.
Tú formaste mis entrañas, / me tejiste en el seno materno. / Te doy gracias por tan grandes maravillas; / soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. R/.

EVANGELIO
El que me rechaza a mí,  rechaza al que me ha enviado.

Del Evangelio según  san Lucas 10, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo”.
Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.

 Palabra del Señor.
 
 DEBEMOS VOLVER AL SEÑOR DE CORAZÓN 

Verdad: En muchas ocasiones, sobre todo en las dificultades, sentimos la tentación de culpar a Dios por nuestras desgracias (Job). No queremos reconocer nuestros fracasos y errores, sino que siempre tenemos que buscar culpables para todo lo que nos pasa. El orgullo y la autosuficiencia nos vuelve ciegos, indolentes y caprichosos. Sin embargo Dios, haciendo oídos sordos a nuestros “berrinches”, sale a nuestro encuentro para preguntarnos qué hacemos por Él para que siempre estemos reclamando su auxilio. Ya lo ha hecho todo con la creación y la ha puesto en nuestras manos; es deber nuestro salir adelante con esfuerzo y dedicación, sin lamentarnos tanto.
Pero el ser humano en lugar de reconocer todo lo que ha hecho Dios por él, le da la espalda, cerrando los oídos a su voz, negando a su enviado (Jesús) y olvidándose de sus mandamientos. Pero como toda mala acción tiene su penalización, Jesús advierte a las ciudades en las que ha proclamado la buena nueva del Reino, que si no cambian de actitud y se vuelven al Señor de corazón, el castigo que recibirán por su incredulidad será severo, y el culpable no es Dios, sino su obstinación en el mal. El mensaje es también para nosotros que, por ser cristianos, estar bautizados y decirnos ser católicos estamos salvados, si no cambiamos de vida, caminamos a la perdición.
Camino: ¿Estamos convencidos de nuestra fe en Jesucristo, con la fuerza necesaria para darlo a conocer en todo tiempo y lugar?
Vida: Señor Jesús, tú nos exhortas a tomar decisiones concretas en favor del Reino, danos la capacidad de ser auténticos discípulos, proclamadores de tu Evangelio.
 Amén. 

martes, 27 de septiembre de 2016

martes 27 de se´tiembre


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Martes XXVI del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.
Comentario: Rev. D. Llucià POU i Sabater (Granada, España)
«Volviéndose, les reprendió»
Hoy, en el Evangelio, contemplamos cómo «Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió» (Lc 9,54-55). Son defectos de los Apóstoles, que el Señor corrige.

Cuenta la historia de un aguador de la India que, en los extremos de un palo que colgaba en sus espaldas, llevaba dos vasijas: una era perfecta y la otra estaba agrietada, y perdía agua. Ésta —triste— miraba a la otra tan perfecta, y avergonzada un día dijo al amo que se sentía miserable porque a causa de sus grietas le daba sólo la mitad del agua que podía ganar con su venta. El trajinante le contestó: —Cuando volvamos a casa mira las flores que crecen a lo largo del camino. Y se fijó: eran flores bellísimas, pero viendo que volvía a perder la mitad del agua, repitió: —No sirvo, lo hago todo mal. El cargador le respondió: —¿Te has fijado en que las flores sólo crecen a tu lado del camino? Yo ya conocía tus fisuras y quise sacar a relucir el lado positivo de ellas, sembrando semilla de flores por donde pasas y regándolas puedo recoger estas flores para el altar de la Virgen María. Si no fueses como eres, no habría sido posible crear esta belleza.

Todos, de alguna manera, somos vasijas agrietadas, pero Dios conoce bien a sus hijos y nos da la posibilidad de aprovechar las fisuras-defectos para alguna cosa buena. Y así el apóstol Juan —que hoy quiere destruir—, con la corrección del Señor se convierte en el apóstol del amor en sus cartas. No se desanimó con las correcciones, sino que aprovechó el lado positivo de su carácter fogoso —el apasionamiento— para ponerlo al servicio del amor. Que nosotros también sepamos aprovechar las correcciones, las contrariedades —sufrimiento, fracaso, limitaciones— para “comenzar y recomenzar”, tal como san Josemaría definía la santidad: dóciles al Espíritu Santo para convertirnos a Dios y ser instrumentos suyos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LUNES 26 DE SEPTIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Lunes XXVI del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».
Comentario: Prof. Dr. Mons. Lluís CLAVELL (Roma, Italia)
«El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor»
Hoy, camino de Jerusalén hacia la pasión, «se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor» (Lc 9,46). Cada día los medios de comunicación y también nuestras conversaciones están llenas de comentarios sobre la importancia de las personas: de los otros y de nosotros mismos. Esta lógica solamente humana produce frecuentemente deseo de triunfo, de ser reconocido, apreciado, agradecido, y falta de paz, cuando estos reconocimientos no llegan.

La respuesta de Jesús a estos pensamientos —y quizá también comentarios— de los discípulos recuerda el estilo de los antiguos profetas. Antes de las palabras hay los gestos. Jesús «tomó a un niño, le puso a su lado» (Lc 9,47). Después viene la enseñanza: «El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor» (Lc 9,48). —Jesús, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que esto no es una utopía para la gente que no está implicada en el tráfico de una tarea intensa, en la cual no faltan los golpes de unos contra los otros, y que, con tu gracia, lo podemos vivir todos? Si lo hiciésemos tendríamos más paz interior y trabajaríamos con más serenidad y alegría.

Esta actitud es también la fuente de donde brota la alegría, al ver que otros trabajan bien por Dios, con un estilo diferente al nuestro, pero siempre valiéndose del nombre de Jesús. Los discípulos querían impedirlo. En cambio, el Maestro defiende a aquellas otras personas. Nuevamente, el hecho de sentirnos hijos pequeños de Dios nos facilita tener el corazón abierto hacia todos y crecer en la paz, la alegría y el agradecimiento. Estas enseñanzas le han valido a santa Teresita de Lisieux el título de “Doctora de la Iglesia”: en su libro Historia de una alma, ella admira el bello jardín de flores que es la Iglesia, y está contenta de saberse una pequeña flor. Al lado de los grandes santos —rosas y azucenas— están las pequeñas flores —como las margaritas o las violetas— destinadas a dar placer a los ojos de Dios, cuando Él dirige su mirada a la tierra.

sábado, 24 de septiembre de 2016

DOMINGO 25 DE SEPTEIMBRE



VIDA NUEVA

26 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LA JUSTICIA SOCIAL EN EL EVANGELIO
Amos 6, 1a. 4-7: «¡Ay de los que se sienten seguros en Sión!»
Salmo. 146 (145): «Alaba, alma mía, al Señor»
1Timotep 6,11-16: «Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe»
San Lucas 16,19-31: «Murió el pobre... murió también el rico»
Una vez más el profeta Amós denuncia la vida superficial y lujosa de los ricos y poderosos, en contraste con la miseria de los demás. Y una vez más el mensaje bíblico sobre la riqueza y la justicia resuena hoy en la enseñanza de la Iglesia sobre la justicia social.
San Pablo aconseja a su discípulo, el joven obispo Timoteo, que debe mantener su corazón puesto en Dios y en su llamada a la vida eterna. Debe «conquistar» esta vida, pues el camino cristiano implica lucha contra el mal y práctica de la justicia, el amor, la paciencia y la fe. El mensaje de San Pablo es una invitación encarecida a asumir la responsabilidad que todos tenemos en el mundo, más allá de la ambiciones de riqueza y dominio. «Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe». En su exhortación a Timoteo, Pablo destaca las virtudes que debe poseer el pastor ideal, combatiendo consigo mismo para ser fiel y constante, y preocupándose por la fe de los cristianos. La profesión de fe se hace en el marco bautismal y ante la comunidad. Dios y Cristo comprometen en la observancia de una conducta moral cristiana. Al final canta la futura manifestación del Señor.
El Evangelio nos recuerda la bien conocida parábola del pobre Lázaro y del rico. Debe ser interpretada desde un punto de vista personal («mi» actitud con el pobre), e igualmente desde un punto de vista social (países ricos y pobres, ricos y pobres al interior de países y ciudades, etc.). La «parábola del rico y el pobre» nos invita a revisar nuestro comportamiento con la riqueza, la ostentación de riqueza en el vestido, «púrpura y lino»; el darse la buena vida «banqueteando espléndidamente todos los días»...
Destacamos algunos puntos del mensaje de la parábola evangélica:
Primero: El contraste entre los muy ricos y los muy pobres es ya un pecado (sin considerar quién tiene la culpa) y debemos hacer algo respecto.
Segundo: El pecado cometido por el hombre rico de la parábola no estuvo en que perjudicó a Lázaro, como si fuera la causa de la pobreza de Lázaro. (En ese caso, su pecado habría sido mayor). El hombre rico pecó porque ignoró a Lázaro: o mostró ningún gesto de solidaridad. En materias de justicia y caridad, las omisiones pueden ser graves pecados.
Tercero: El hombre rico no era un hombre religioso. Descuidó los valores últimos. Con razón la riqueza y la comodidad eran su «religión». Porque aquéllos que desprecian la verdadera religión terminan creando sustitutos de la religión.
La preocupación principal del hombre no debe ser acumular riquezas con detrimento de los demás sino ahondar en la experiencia de una vida cristiana volcada hacia Dios y hacia los hermanos. El discípulo de Jesús mantiene su corazón puesto en Dios y en su llamada a la vida eterna. Debe «conquistar» esta vida, pues el camino cristiano implica lucha contra el mal y práctca de «la justicia, el amor, la paciencia y la fe», actitudes que suponen siempre nuestra relación con los demás.
Algunas preguntas para pensar durante la semana
1. Piensa sobre las omisiones en tu vida, con respecto a los demás.
2. ¿Incurro en lujos o gastos innecesarios?

viernes, 23 de septiembre de 2016

VIERNES 23 DE SEPTEIMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Viernes XXV del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 9,18-22): Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».
Comentario: Rev. D. Pere OLIVA i March (Sant Feliu de Torelló, Barcelona, España)
«¿Quién dice la gente que soy yo? (…) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Hoy, en el Evangelio, hay dos interrogantes que el mismo Maestro formula a todos. El primer interrogante pide una respuesta estadística, aproximada: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc 9,18). Hace que nos giremos alrededor y contemplemos cómo resuelven la cuestión los otros: los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos, los familiares más cercanos... Miramos al entorno y nos sentimos más o menos responsables o cercanos —depende de los casos— de algunas de estas respuestas que formulan quienes tienen que ver con nosotros y con nuestro ámbito, “la gente”... Y la respuesta nos dice mucho, nos informa, nos sitúa y hace que nos percatemos de aquello que desean, necesitan, buscan los que viven a nuestro lado. Nos ayuda a sintonizar, a descubrir un punto de encuentro con el otro para ir más allá...

Hay una segunda interrogación que pide por nosotros: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Lc 9,20). Es una cuestión fundamental que llama a la puerta, que mendiga a cada uno de nosotros: una adhesión o un rechazo; una veneración o una indiferencia; caminar con Él y en Él o finalizar en un acercamiento de simple simpatía... Esta cuestión es delicada, es determinante porque nos afecta. ¿Qué dicen nuestros labios y nuestras actitudes? ¿Queremos ser fieles a Aquel que es y da sentido a nuestro ser? ¿Hay en nosotros una sincera disposición a seguirlo en los caminos de la vida? ¿Estamos dispuestos a acompañarlo a la Jerusalén de la cruz y de la gloria?

«Es un camino de cruz y resurrección (...). La cruz es exaltación de Cristo. Lo dijo Él mismo: ‘Cuando sea levantado, atraeré a todos hacia mí’. (...) La cruz, pues, es gloria y exaltación de Cristo» (San Andrés de Creta). ¿Dispuestos para avanzar hacia Jerusalén? Solamente con Él y en Él, ¿verdad?

jueves, 22 de septiembre de 2016

JUEVES 22 DE SEPTEIMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Jueves XXV del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 9,7-9): En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle.
Comentario: Rev. P. Jorge R. BURGOS Rivera SBD (Cataño, Puerto Rico)
«Buscaba verle»
Hoy el texto del Evangelio nos dice que Herodes quería ver a Jesús (cf. Lc 9,9). Ese deseo de ver a Jesús le nace de la curiosidad. Se hablaba mucho de Jesús por los milagros que iba realizando a su paso. Muchas personas hablaban de Él. La actuación de Jesús trajo a la memoria del pueblo diversas figuras de profetas: Elías, Juan el Bautista, etc. Pero, al ser simple curiosidad, este deseo no trasciende. Tal es el hecho que cuando Herodes le ve no le causa mayor impresión (cf. Lc 23,8-11). Su deseo se desvanece al verlo cara a cara, porque Jesús se niega a responder a sus preguntas. Este silencio de Jesús delata a Herodes como corrupto y depravado.

Nosotros, al igual que Herodes, seguramente hemos sentido, alguna vez, el deseo de ver a Jesús. Pero ya no contamos con el Jesús de carne y hueso como en tiempos de Herodes, sin embargo contamos con otras presencias de Jesús. Te quiero resaltar dos de ellas.

En primer lugar, la tradición de la Iglesia ha hecho de los jueves un día por excelencia para ver a Jesús en la Eucaristía. Son muchos los lugares donde hoy está expuesto Jesús-Eucaristía. «La adoración eucarística es una forma esencial de estar con el Señor. En la sagrada custodia está presente el verdadero tesoro, siempre esperando por nosotros: no está allí por Él, sino por nosotros» (Benedicto XVI). —Acércate para que te deslumbre con su presencia.

Para el segundo caso podemos hacer referencia a una canción popular, que dice: «Con nosotros está y no lo conocemos». Jesús está presente en tantos y tantos hermanos nuestros que han sido marginados, que sufren y no tienen a nadie que “quiera verlos”. En su encíclica Dios es Amor, dice el Papa Benedicto XVI: «El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial». Así pues, Jesús te está esperando, con los brazos abiertos te recibe en ambas situaciones. ¡Acércate!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MIERCOLES 21 DE SEPTEIMBRE


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 21 de Septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista
Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Comentario: Rev. D. Joan PUJOL i Balcells (La Seu d'Urgell, Lleida, España)
«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»
Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.

Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».

En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

sábado, 17 de septiembre de 2016

DOMINGO 18 DE SEPTEIMBRE


25 domingo del tiempo ordinario
El mensaje del Evangelio con respecto al dinero
Amos 8, 4-7: «Compran al pobre por un par de sandalias»
Salmo 113(112): «Alaben al Señor que ensalza al pobre»
1Timoteo. 2,1-8: «Pidan por todos los hombres a Dios que quiere que todos se salven»
San Lucas 16,1-13: «No pueden servir a Dios y al dinero»
Ante Dios somos responsables de la totalidad de nuestra vida. Cuando juzgamos que   hay espacios de nuestra actividad que no tienen que ver con nuestra fe activa estamos equivocados. La dimensión política, social, laboral de nuestras responsabilidades debe estar iluminada por la Palabra de Dios.
Cuando el profeta Amós, un poco más de 700 años antes de Cristo, nos presenta un cuadro de injusticia social que nos parece sacado de nuestras mismas realidades de hoy, no lo hace por razones ideológicas, que no existían entonces, ni por ideales sociológicos, sino como pro eta que deja oír la voz de Dios en medio de un reinado que gozaba de prosperidad. Dios es defensor de los pobres y condena toda violencia. Los derechos de los más desprotegidos de la sociedad,(en su época, la viuda, el huérfano, el forastero),fueron defendidos por los enviados de Dios. «llegar a comprar al mísero por un par de sandalias» es no valorar en el hombre, cualquiera sea, el hermano que hay en él y que lleva la misma «imagen y semejanza de Dios» que todos llevamos. (Gn. 1, 26-27). No se trataba de un funcionario «defensor del consumidor» sino de una profeta que en nombre de Dios denuncia injusticias. No revela leyes tantas veces inoperantes sino el amor comprometido de Dios.
San Pablo nos da una enseñanza importante: Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. La idea no descarta el papel de María y de los santos en el cristianismo: son como ayudantes de Jesús y nuestros amigos en nuestra relación con Cristo. Cualquier rol o poder espiritual que puedan tener proviene del mismo Cristo.
La Palabra del evangelio nos ofrece una parábola de Jesús sacada de la realidad de la vida social del hombre de todos los tiempos. Nos habla de la responsabilidad en el manejo de los bienes ajenos para llegar a la conclusión de que, por nuestras ambiciones desmedidas, no podemos hacer del dinero un dios, ídolo falso, a quien podemos llegar a sacrificar la vida. En este Evangelio Jesús nos enseña el sentido cristiano del uso del dinero. Algunos puntos de su enseñanza:
Primero Lo que está en cuestión no es tener o no tener dinero, sino cómo usamos el dinero. De acuerdo con el Evangelio y la enseñanza de la Iglesia, el dinero está para ser compartido con los necesitados. El dinero está para servir a causas buenas. Este es el sentido de "hacerse amigos con el dinero en las moradas eternas".
Segundo: El dinero es el signo y la expresión del trabajo humano. El trabajo humano es más importante que el dinero. Poner el dinero en primer lugar y el trabajo en segundo,  en cualquier sistema económico, es deshumanizar el trabajo y corromper el verdadero sentido del dinero.
Tercero: En el fondo, la cuestión fundamental sobre el dinero es la cuestión del  sentido de la vida y sobre dónde está nuestro corazón. ¿Vivimos en función del dinero? ¿Quién es el dueño de nuestro corazón?
Algunas preguntas para meditar durante la semana:
1. ¿Cuál es el lugar del dinero en mi vida; un lugar relativo o absoluto?
2. ¿Considero la práctica de la justicia social como parte de la práctica religiosa?

viernes, 16 de septiembre de 2016

VIERNES 16 DE SEPTIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Viernes XXIV del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Comentario: Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España)
«Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios»
Hoy, nos fijamos en el Evangelio en lo que sería una jornada corriente de los tres años de vida pública de Jesús. San Lucas nos lo narra con pocas palabras: «Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva» (Lc 8,1). Es lo que contemplamos en el tercer misterio de Luz del Santo Rosario.

Comentando este misterio dice el Papa San Juan Pablo II: «Misterio de luz es la predicación con la que Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con fe humilde, iniciando así el misterio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia».

Jesús continúa pasando cerca de nosotros ofreciéndonos sus bienes sobrenaturales: cuando hacemos oración, cuando leemos y meditamos el Evangelio para conocerlo y amarlo más e imitar su vida, cuando recibimos algún sacramento, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, cuando nos dedicamos con esfuerzo y constancia al trabajo de cada día, cuando tratamos con la familia, los amigos o los vecinos, cuando ayudamos a aquella persona necesitada material o espiritualmente, cuando descansamos o nos divertimos... En todas estas circunstancias podemos encontrar a Jesús y seguirlo como aquellos doce y aquellas santas mujeres.

Pero, además, cada uno de nosotros es llamado por Dios a ser también “Jesús que pasa”, para hablar —con nuestras obras y nuestras palabras— a quienes tratamos acerca de la fe que llena de sentido nuestra existencia, de la esperanza que nos mueve a seguir adelante por los caminos de la vida fiados del Señor, y de la caridad que guía todo nuestro actuar.

La primera en seguir a Jesús y en “ser Jesús” es María. ¡Que Ella con su ejemplo y su intercesión nos ayude!

jueves, 15 de septiembre de 2016

JUEVES 15 DE SEPTEIMBRE


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 15 de Septiembre: Nuestra Señora de los Dolores
Texto del Evangelio (Lc 2,33-35): En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».
Comentario: P. Abad Dom Josep Mª SOLER OSB Abad de Montserrat (Barcelona, España)
«Una espada te atravesará el alma»
Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, escuchamos unas palabras punzantes en boca del anciano Simeón: «¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!» (Lc 2,35). Afirmación que, en su contexto, no apunta únicamente a la pasión de Jesucristo, sino a su ministerio, que provocará una división en el pueblo de Israel, y por lo tanto un dolor interno en María. A lo largo de la vida pública de Jesús, María experimentó el sufrimiento por el hecho de ver a Jesús rechazado por las autoridades del pueblo y amenazado de muerte.

María, como todo discípulo de Jesús, ha de aprender a situar las relaciones familiares en otro contexto. También Ella, por causa del Evangelio, tiene que dejar al Hijo (cf. Mt 19,29), y ha de aprender a no valorar a Cristo según la carne, aun cuando había nacido de Ella según la carne. También Ella ha de crucificar su carne (cf. Ga 5,24) para poder ir transformándose a imagen de Jesucristo. Pero el momento fuerte del sufrimiento de María, en el que Ella vive más intensamente la cruz es el momento de la crucifixión y la muerte de Jesús.

También en el dolor, María es el modelo de perseverancia en la doctrina evangélica al participar en los sufrimientos de Cristo con paciencia (cf. Regla de san Benito, Prólogo 50). Así ha sido durante toda su vida, y, sobre todo, en el momento del Calvario. De esta manera, María se convierte en figura y modelo para todo cristiano. Por haber estado estrechamente unida a la muerte de Cristo, también está unida a su resurrección (cf. Rm 6,5). La perseverancia de María en el dolor, realizando la voluntad del Padre, le proporciona una nueva irradiación en bien de la Iglesia y de la Humanidad. María nos precede en el camino de la fe y del seguimiento de Cristo. Y el Espíritu Santo nos conduce a nosotros a participar con Ella en esta gran aventura.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

MIERCOLES 14 DE SEPTEIMBRE


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 14 de Septiembre: La Exaltación de la Santa Cruz
Texto del Evangelio (Jn 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«Para que todo el que crea en Él tenga vida eterna»
Hoy, el Evangelio es una profecía, es decir, una mirada en el espejo de la realidad que nos introduce en su verdad más allá de lo que nos dicen nuestros sentidos: la Cruz, la Santa Cruz de Jesucristo, es el Trono del Salvador. Por esto, Jesús afirma que «tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn 3,14).

Bien sabemos que la cruz era el suplicio más atroz y vergonzoso de su tiempo. Exaltar la Santa Cruz no dejaría de ser un cinismo si no fuera porque allí cuelga el Crucificado. La cruz, sin el Redentor, es puro cinismo; con el Hijo del Hombre es el nuevo árbol de la Sabiduría. Jesucristo, «ofreciéndose libremente a la pasión» de la Cruz ha abierto el sentido y el destino de nuestro vivir: subir con Él a la Santa Cruz para abrir los brazos y el corazón al Don de Dios, en un intercambio admirable. También aquí nos conviene escuchar la voz del Padre desde el cielo: «Éste es mi Hijo (...), en quien me he complacido» (Mc 1,11). Encontrarnos crucificados con Jesús y resucitar con Él: ¡he aquí el porqué de todo! ¡Hay esperanza, hay sentido, hay eternidad, hay vida! No estamos locos los cristianos cuando en la Vigilia Pascual, de manera solemne, es decir, en el Pregón pascual, cantamos alabanza del pecado original: «¡Oh!, feliz culpa, que nos has merecido tan gran Redentor», que con su dolor ha impreso “sentido” al dolor.

«Mirad el árbol de la cruz, donde colgó el Salvador del mundo: venid y adorémosle» (Liturgia del Viernes Santo). Si conseguimos superar el escándalo y la locura de Cristo crucificado, no hay más que adorarlo y agradecerle su Don. Y buscar decididamente la Santa Cruz en nuestra vida, para llenarnos de la certeza de que, «por Él, con Él y en Él», nuestra donación será transformada, en manos del Padre, por el Espíritu Santo, en vida eterna: «Derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados».

martes, 13 de septiembre de 2016

MARTES 13 DE SEPTIEIMBRE


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Martes XXIV del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 7,11-17): En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores». Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: «Joven, a ti te digo: levántate». El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Comentario: + Rev. D. Joan SERRA i Fontanet (Barcelona, España)
«Joven, a ti te digo: levántate»
Hoy, dos comitivas se encuentran. Una comitiva que acompaña a la muerte y otra que acompaña a la vida. Una pobre viuda, seguida por sus familiares y amigos, llevaba a su hijo al cementerio y de pronto, ve la multitud que iba con Jesús. Las dos comitivas se cruzan y se paran, y Jesús dice a la madre que iba a enterrar a su hijo: «No llores» (Lc 7,13). Todos se quedan mirando a Jesús, que no permanece indiferente al dolor y al sufrimiento de aquella pobre madre, sino, por el contrario, se compadece y le devuelve la vida a su hijo. Y es que encontrar a Jesús es hallar la vida, pues Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25). San Braulio de Zaragoza escribe: «La esperanza de la resurrección debe confortarnos, porque volveremos a ver en el cielo a quienes perdemos aquí».

Con la lectura del fragmento del Evangelio que nos habla de la resurrección del joven de Naím, podría remarcar la divinidad de Jesús e insistir en ella, diciendo que solamente Dios puede volver un joven a la vida; pero hoy preferiría poner de relieve su humanidad, para que no veamos a Jesús como un ser lejano, como un personaje tan diferente de nosotros, o como alguien tan excesivamente importante que no nos inspire la confianza que puede inspirarnos un buen amigo.

Los cristianos hemos de saber imitar a Jesús. Debemos pedir a Dios la gracia de ser Cristo para los demás. ¡Ojalá que todo aquél que nos vea, pueda contemplar una imagen de Jesús en la tierra! Quienes veían a san Francisco de Asís, por ejemplo, veían la imagen viva de Jesús. Los santos son aquellos que llevan a Jesús en sus palabras y obras e imitan su modo de actuar y su bondad. Nuestra sociedad tiene necesidad de santos y tú puedes ser uno de ellos en tu ambiente.