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sábado, 29 de diciembre de 2018

DOMINGO 30 DE DICIEMBRE





Domingo dentro de la octava de navidad - C
APRENDAMOS DE LA ESCUELA DE NAZARET
Evangelio: San Lucas 2,41-52. Jesús hallado por sus padres en el templo…
En unos tiempos en que la familia humana y cristiana es puesta en peligro incluso en su misma institución, es bueno que escuchemos lo que la Palabra bíblica nos dice acerca de ella. Navidad, fiestas hogareñas por antonomasia. Y dentro de ellas, celebramos el día de la Sagrada Familia de Nazaret.
La liturgia nos invita hoy a entrar en la intimidad de la Sagrada Familia de Jesús, José y Maria. No nos mueve la curiosidad ni solo un sentimiento piadoso de creyentes. Queremos saber cual es el ideal de experiencia familiar que Dios nos ofrece en dimensión muy humana pero al tiempo muy divina, dentro de su plan de salvación. Dios nos invita no solo a contemplar ese misterio de la Sagrada Familia sino a darle, dentro de nuestras limitaciones, una presencia en nuestro tiempo.
Tratemos de entrar, respetuosos y orantes, en la vida cotidiana de esta Familia excepcional. Hoy queremos poner nuestra atención en aquella familia pobre y humilde en la que nació el Salvador del mundo. Una familia en la que faltaban muchas cosas, pero sobraba amor y esperanza. Nuestra Celebración Eucarística es una reunión de la Familia Cristiana para dar gracias a Dios, escuchar su palabra orientadora y pedir perdón por nuestras incomprensiones y pecados dentro de la familia del mundo.
La Familia en el proyecto de Dios
La familia no es solo una experiencia de socialización en la que aprendemos a vivir en común. Ella tiene un intrínseco sentido religioso. Al crear Dios al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, con la misión de poblar la tierra hizo de la familia elemento esencial de su proyecto integral sobre la humanidad. Y al encarnarse el Hijo de Dios, pasando por la convivencia filial dentro de una familia, llevó esa experiencia a su máxima significación. Nos es fácil pensar que Dios hubiera podido escoger otro camino para que su Hijo entrara al mundo de los hombres. Pero quiso que su experiencia de ser hombre asumiera la íntegra condición humana: pasar por el nacimiento, la infancia y la adolescencia, depender y aprender un oficio, ganarse el pan (familiar) con el sudor de la frente.
Por la encarnación Dios ha hecho la experiencia de ser hijo de familia. No ha querido entrar al mundo de manera misteriosa sino a través de una real vivencia de la condición humana. El Hijo de Dios que vive en el seno de la Trinidad, en relación filial respecto del Padre Dios y en unidad total con él y con el Espíritu Santo, ha querido asimismo amar y ser amado en el seno de una familia humana. Familia excepcional ciertamente pero inmersa en la cotidianidad de las relaciones entre esposos, entre padres e hijos, sometida a las necesidades de cada día como el trabajo, el alimento, el descanso; en relación con el Padre Dios según la ley judía de Antiguo Testamento, y con el entorno familiar y la vecindad; en obediencia a las convocaciones comunitarias de la sinagoga y a las fiestas en Jerusalén.
Hasta tal punto esa experiencia fue sencilla y normal que sus paisanos no se dieron cuenta del misterio que se vivía en la intimidad de aquel hogar en verdad humilde. Cuando un día regrese Jesús a su pueblo, ya renombrado por su enseñanza y sus obras extraordinarias, los habitantes de Nazaret no tendrán explicación y se preguntarán extrañados de donde saca éste esa sabiduría y esas obras...
La familia hace parte del plan de Dios. Es él quien ha dispuesto que haya hombres y mujeres, que funden hogares y procreen hijos. Una vez creado el mundo como escenario maravilloso para el plan de Dios y para la vida del hombre, viene la narración de esa primera pareja que conocemos como Adán y Eva, y esos hijos iniciales que aprendimos a llamar Caín, Abel, Set y demás. Allí  empieza la historia del hombre, en la que se va tejiendo la historia de la familia humana, con toda su belleza pero también todo su dramatismo. Pruebas dolorosas como la muerte trágica de Abel, la esterilidad que parece cerrar el futuro, las envidias y malos manejos, pero también las alegrías, la primera de ellas el nacimiento de los hijos. Violencia y amor, pobreza y riqueza, esclavitud y libertad, poder y debilidad, angustias y alegrías, todo eso y mucho más se va dando en el acontecer de todos los hogares.

La Iglesia, e incluso la misma sociedad laica, está preocupada por la crisis que vive la familia hoy. Se sugieren remedios basados en las ciencias humanas de la convivencia: respeto, tolerancia, paciencia como forma de amar. Pero el remedio fundamental estará siempre en volver a la voluntad inicial de Dios. Jesús dirá un día para responder al cuestionamiento sobre el divorcio: Al principio no fue así. La sagrada familia de Jesús, María y José será siempre el modelo que hay que contemplar. Volver a la humilde casa de Nazaret como a una escuela donde se aprende a ser familia. Donde el hijo, a pesar de ser Dios encarnado, es hijo que se comporta como tal. Mayor amor filial hacia María y José imposible encontrar. Y María será siempre el modelo de mujer, esposa y madre, en una dimensión casera y profundamente humana. Acostumbramos a ver a María desde sus grandes prerrogativas: Maternidad divina, Virginidad perpetua, Inmaculada Concepción, Asunción gloriosa. Pero no la contemplamos como mujer humilde en su grandeza, en el servicio de la casa, en amor y unidad con José, su esposo, y con el hijo, Jesús, el Señor. Y José que lleva en sí, como varón justo que cumple la voluntad divina, la carga del hogar que le corresponde.
Hay en la familia una dimensión que no podemos dejar de lado: su carácter sagrado y religioso. Dios Padre confía al hombre y la mujer el don incomparable de la vida en el don de los hijos. No es una mercancía más sino la misión fundamental de la unión matrimonial, Implica por tanto una responsabilidad que va más allá de pactos y plazos limitados. Comprometerse en el matrimonio para fundar una familia es comprometerse para la vida y por toda la vida. Jesús es para siempre, más allá del tiempo y por toda la eternidad, el hijo de ese hogar. María es la madre de Jesús, incansable y sin límite en su misión. José es para siempre el esposo de María y el hombre a quien Dios confió su hijo como a un padre. Ellos hacen parte de toda familia cristiana y aun humana. No son intrusos en el hogar sino que están allí, con una presencia que el mismo Dios les concede. Qué bueno contemplarlos en el seno del hogar y aprender de ellos a ser padre, madre e hijo, con una dimensión que descubre el plan de Dios que se va realizando a lo largo del tiempo en toda familia que asume el compromiso del proyecto salvador de Dios.

viernes, 28 de diciembre de 2018

VIERNES 28 DE DICIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 28 de Diciembre: Los Santos Inocentes, mártires
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mt 2,13-18): Después que los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen».
Comentario:Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu (Sant Feliu de Llobregat, España)
«Se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto»
Hoy celebramos la fiesta de los Santos Inocentes, mártires. Metidos en las celebraciones de Navidad, no podemos ignorar el mensaje que la liturgia nos quiere transmitir para definir, todavía más, la Buena Nueva del nacimiento de Jesús, con dos acentos bien claros. En primer lugar, la predisposición de san José en el designio salvador de Dios, aceptando su voluntad. Y, a la vez, el mal, la injusticia que frecuentemente encontramos en nuestra vida, concretado en este caso en la muerte martirial de los niños Inocentes. Todo ello nos pide una actitud y una respuesta personal y social.

San José nos ofrece un testimonio bien claro de respuesta decidida ante la llamada de Dios. En él nos sentimos identificados cuando hemos de tomar decisiones en los momentos difíciles de nuestra vida y desde nuestra fe: «Se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto» (Mt 2,14).

Nuestra fe en Dios implica a nuestra vida. Hace que nos levantemos, es decir, nos hace estar atentos a las cosas que pasan a nuestro alrededor, porque —frecuentemente— es el lugar donde Dios habla. Nos hace tomar al Niño con su madre, es decir, Dios se nos hace cercano, compañero de camino, reforzando nuestra fe, esperanza y caridad. Y nos hace salir de noche hacia Egipto, es decir, nos invita a no tener miedo ante nuestra propia vida, que con frecuencia se llena de noches difíciles de iluminar.

Estos niños mártires, hoy, también tienen nombres concretos en niños, jóvenes, parejas, personas mayores, inmigrantes, enfermos... que piden la respuesta de nuestra caridad. Así nos lo dice San Juan Pablo II: «En efecto, son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan a la sensibilidad cristiana. Es la hora de una nueva imaginación de la caridad, que se despliegue no sólo en la eficacia de las ayudas prestadas, sino también en la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con el que sufre».

Que la luz nueva, clara y fuerte de Dios hecho Niño llene nuestras vidas y consolide nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad.

jueves, 27 de diciembre de 2018

JUEVES 27 DE DICIEMBRE





Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 27 de Diciembre: San Juan, apóstol y evangelista
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 20,2-8): El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.
Comentario:Rev. D. Manel VALLS i Serra (Barcelona, España)
«Vio y creyó»
Hoy, la liturgia celebra la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista. Al siguiente día de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta del primer mártir de la fe cristiana, san Esteban. Y el día después, la fiesta de san Juan, aquel que mejor y más profundamente penetra en el misterio del Verbo encarnado, el primer “teólogo” y modelo de todo verdadero teólogo. El pasaje de su Evangelio que hoy se propone nos ayuda a contemplar la Navidad desde la perspectiva de la Resurrección del Señor. En efecto, Juan, llegado al sepulcro vacío, «vio y creyó» (Jn 20,8). Confiados en el testimonio de los Apóstoles, nosotros nos vemos movidos en cada Navidad a “ver” y “creer”.

Uno puede revivir estos mismos “ver” y “creer” a propósito del nacimiento de Jesús, el Verbo encarnado. Juan, movido por la intuición de su corazón —y, deberíamos añadir, por la “gracia”— “ve” más allá de lo que sus ojos en aquel momento pueden llegar a contemplar. En realidad, si él cree, lo hace sin “haber visto” todavía a Cristo, con lo cual ya hay ahí implícita la alabanza para aquellos que «creerán sin haber visto» (Jn 20,29), con la que culmina el vigésimo capítulo de su Evangelio.

Pedro y Juan “corren” juntos hacia el sepulcro, pero el texto nos dice que Juan «corrió más aprisa que Pedro, y llegó antes al sepulcro» (Jn 20,4). Parece como si a Juan le mueve más el deseo de estar de nuevo al lado de Aquel a quien amaba —Cristo— que no simplemente estar físicamente al lado de Pedro, ante el cual, sin embargo —con el gesto de esperarlo y de que sea él quien entre primero en el sepulcro— muestra que es Pedro quien tiene la primacía en el Colegio Apostólico. Con todo, el corazón ardiente, lleno de celo, rebosante de amor de Juan, es lo que le lleva a “correr” y a “avanzarse”, en una clara invitación a que nosotros vivamos igualmente nuestra fe con este deseo tan ardiente de encontrar al Resucitado.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

MIERCOLES 26 DE DICIEMBE





Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 26 de Diciembre: San Esteban, protomártir
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mt 10,17-22): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».
Comentario:Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)
«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»
Hoy, recién saboreada la profunda experiencia del Nacimiento del Niño Jesús, cambia el panorama litúrgico. Podríamos pensar que celebrar un mártir no encaja con el encanto navideño… El martirio de san Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo, entra de lleno en la teología de la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús vino al mundo para derramar su Sangre por nosotros. Esteban fue el primero que derramó su sangre por Jesús. Leemos en este Evangelio como Jesús mismo lo anuncia: «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo.

Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas.

En la narración de su martirio encontramos una bellísima alusión trinitaria: «Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios» (Hch 7,55). Su experiencia fue como una degustación de la Gloria del Cielo. Y Esteban murió como Jesús, perdonando a los que lo inmolaban: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60); rezó las palabras del Maestro: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc, 23, 34).

Pidamos a este mártir que sepamos vivir como él, llenos del Espíritu Santo, a fin de que, fijando la mirada en el cielo, veamos a Jesús a la diestra de Dios. Esta experiencia nos hará gozar ya del cielo, mientras estamos en la tierra.

lunes, 24 de diciembre de 2018

LUNES 24 DE DICIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 24 de Diciembre
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 1,67-79): En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
Comentario:Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents (Terrassa, Barcelona, España)
«Harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas»
Hoy, el Evangelio recoge el canto de alabanza de Zacarías después del nacimiento de su hijo. En su primera parte, el padre de Juan da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza al reconocer la acción salvadora de Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada por el hijo de Zacarías.

Ya sabemos que Zacarías había sido castigado por Dios a causa de su incredulidad. Pero ahora, cuando la acción divina es del todo manifiesta en su propia carne —pues recupera el habla— exclama aquello que hasta entonces no podía decir si no era con el corazón; y bien cierto que lo decía: «Bendito el Señor Dios de Israel...» (Lc 1,68). ¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas, negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría y esperanza de una manera estable.

«El Señor ya está cerca; el Señor ya está aquí». El padre del precursor es consciente de que la venida del Mesías es, sobre todo, luz. Una luz que ilumina a los que viven en la oscuridad, bajo las sombras de la muerte, es decir, ¡a nosotros! ¡Ojalá que nos demos cuenta con plena conciencia de que el Niño Jesús viene a iluminar nuestras vidas, viene a guiarnos, a señalarnos por dónde hemos de andar...! ¡Ojalá que nos dejáramos guiar por sus ilusiones, por aquellas esperanzas que pone en nosotros!

Jesús es el “Señor” (cf. Lc 1,68.76), pero también es el “Salvador” (cf. Lc 1,69). Estas dos confesiones (atribuciones) que Zacarías hace a Dios, tan cercanas a la noche de la Navidad, siempre me han sorprendido, porque son precisamente las mismas que el Ángel del Señor asignará a Jesús en su anuncio a los pastores y que podremos escuchar con emoción esta misma noche en la Misa de Nochebuena. ¡Y es que quien nace es Dios!

sábado, 22 de diciembre de 2018

DOMINGO 23 DE DICIEMBRE





4° DOMINGO DE ADVIENTO -C
Esperanza gozosa
Evangelio: san Lucas1, 39-45
Navidad reviste para nosotros una explosión de júbilo en nuestra sociedad. Quizás no siempre valorada como se debe. Porque detrás de todas esas manifestaciones de alborozo está el misterio que ha dado origen a ese tiempo especial. Es posible que esa bulliciosa expresión de regocijo nos impida contemplar el misterio. Hagamos la pausa un tiempo. Silenciemos el corazón y simplemente contemplemos, sin palabras y con asombro, lo que estamos celebrando.
Navidad es fuente de esperanza y de compromiso de testigos. Miqueas caminaba con su pueblo hacia Jesús. No lo vio con sus ojos pero lo percibió con su larga mirada de profeta. Jesús al nacer nos ofrece el camino seguro de nuestro andar por el mundo y el tiempo. Es Dios que sale de su misterio, nace, comparte nuestra condición y nos lleva con él hacia el Padre para una consumación feliz. Y ahí está nuestro compromiso: vivir en este mundo como hijos de Dios que en Navidad han descubierto el plan divino que hace nacer a Dios entre nosotros. Navidad es acoger como Isabel esa visita y cumplir nuestra misión en el mundo, no instalados definitivamente en él, sino peregrinos con Jesús hacia el misterio de Dios.
 Feliz  Navidad
En la humildad de nuestra carne... No nos cansemos de meditar y ahondar en el misterio de Cristo, Dios encarnado que entra al mundo. No nos acostumbremos a ese misterio central de nuestra fe de modo que se nos haga corriente y carente de relieve. Dios no viene a dominar el mundo con poder sino a salvarlo por amor. Por eso llega en la humildad de nuestra carne, no hace ostentación de su poder; por eso nace en un lugar pequeño y desconocido, de personas que en su mundo eran comunes y corrientes, pertenecientes al mundo de los pobres. La Iglesia debe reencontrar ese  camino de humilde y eficaz servicio, huyendo de ostentaciones y asumiendo su vocación de servidora de la humanidad. Debe mostrarse ante el mundo, como Jesús, apoyada en el poder de Dios que está siempre al servicio de los que lo acogen y reciben con un corazón de pobre.
Navidad es tiempo de silencio, de contemplación, de apertura al misterio de Dios que quiso pasar por la infancia, con el silencio del infante, con la pequeñez y dependencia del recién nacido, para asumir en plenitud nuestra condición humana y llenarla de su misterio divino. Cuánto tiene que aprender la Iglesia en su pastoral de hoy de la humildad de Dios en este misterio. Una humildad que no es apocamiento sino conciencia profunda de que quien obra es el poder de Dios encerrado en la humildad de nuestra carne. En medio del ruido que acompaña esta fiesta hagamos un paréntesis de silencio y meditemos, contemplemos y amemos.
Alabar como María
El Adviento Litúrgico es una invitación insistente que nos hace la Iglesia a unir nuestra voz filial al coro de alabanzas en honor de María: «Ella, por el poder inefable del Espíritu Santo, llevó con amor en sus purísimas entrañas al que habría de nacer entre los hombres y en favor de los hombres».
Belén (casa del pan) es un pueblo muy familiar para los cristianos. Estos días de Navidad repetiremos muchas veces este nombre. El profeta anuncia lo que hará gloriosa a esta pequeña ciudad: ser el lugar del nacimiento del pastor-rey de Israel. Allí nació el rey David y allí pondrá el evangelista Lucas el nacimiento de Jesús. El profeta insiste en el fruto de este nacimiento: «esta será nuestra paz». Escuchando esta profecía adivinamos el significado de las palabras angélicas de la noche de Navidad: «En la tierra paz a los hombres...».
Misterio de Cristo
El mensaje de la carta a los Hebreos es una entrada en profundidad en el misterio de la persona de Cristo. Este, del que habla proféticamente Miqueas como pastor de orígenes remotos (1a. lectura), y que es el «Señor» que María lleva en su seno, es el enviado de Dios, dispuesto a cumplir en todo su voluntad; es el sacerdote por naturaleza, mediador entre Dios y los hombres, que se ofrece desde el primer instante de su presencia en el mundo para dar cumplimiento perfecto a la comunión entre Dios y los hombres, que no lograban los sacrificios antiguos.
El texto de la carta los Hebreos, como preparación inmediata de la Navidad, enlaza también la Encarnación con la pasión del Siervo, y de esta manera muestra la unidad de todo el Misterio Pascual de Cristo. (Las narraciones del nacimiento y de la primera infancia de Jesús desarrollarán este paralelismo entre «Nacimiento» y «Misterio Pascual».
Enseñanza sobre la Virgen María
La escena de la Visitación nos ilumina dos valores riquísimos de la Mariología: a) María en camino, aprisa, ascendiendo a la Montaña, es para todos nosotros modelo de disponibilidad, diligencia y optimismo en secundar las inspiraciones. ¡Adelante! ¡Arriba! ¡Aprisa! Programa de fervorosos y valientes; de quienes viven en fe, esperanza y caridad. Programa muy apropiado a los hijos de l a Virgen.
b) El Mesías es Sol divino que se enciende en el cielo de María; María es su aurora. Y para todos, la manera más suave y más segura de encontrar a Cristo será encontrar a su Madre; y todos de brazos de María recibiremos al Hijo de Dios encarnado en su seno virginal La presencia santificadora de Jesús en casa de Juan, recluido en el seno de su madre Isabel, tiene lugar por mediación de María. María «visita» = hace su «adviento» en casa de Zacarías, y así se cumple en principio la esperanza mesiánica: ¡El Señor vendrá a salvar a su pueblo! El tema del arca portadora de la presencia misteriosa de Dios en medio de su pueblo es el trasfondo de esta escena.
María y la Iglesia
La figura de María, en este misterio, adquiere una fuerte dimensión eclesiológica: en el seno de María fue llevado Jesús durante nueve meses; en el tabernáculo de la fe de la Iglesia, Jesús es llevado hasta la consumación de los siglos. La Iglesia, a la vez que espera al Señor, también lo lleva.
4. ORACION: ¿QUE LE DECIMOS NOSOTROS a DIOS?
Te damos gracias, Padre, por las veces que has visitado y visitas a tu pueblo. Tus intervenciones, a través de los hechos humanos, son muestras de tu presencia. Visitas a las estériles para hacerlas fecundas, a los mudos para que hablen y a los oprimidos para liberarlos. Nos visitas en las alegrías y tristezas, en nuestras cerrazones y aperturas, en nuestras reuniones y dispersiones.
Sales al encuentro de los hombres y mujeres, nos visitas cuando soñamos despiertos y cuando dormidos tenemos un sueño. Gracias, Señor Dios nuestro. Queremos, mientras nos preparamos para la Navidad, reconocer hoy el «tiempo de la visita». Gracias por no tener nada que guardar, ya que todo lo esperamos de Ti.. Gracias por el alumbramiento de María, la Madre del Señor. Gracias por todos los hombres y mujeres que visitan a sus hermanos con entrañas de gracia y misericordia.
No quieres ni aceptas, Padre, «sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias. Por eso, «aquí estamos, Dios nuestro, para hacer tu voluntad», es decir, la voluntad de tu enviado, Jesucristo.
Acuérdate hoy de nuestras madres, hermanas e hijas, de todas las mujeres que desean concebir hijos inocentes, llenos de alegría y salud.. Acuérdate de nuestros padres, hermanos e hijos, que desean concebir un mundo nuevo, una humanidad justa, una sociedad sin clases. Amén.

viernes, 21 de diciembre de 2018

VIERNES 21 DE DICIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 21 de Diciembre
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 1,39-45): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Comentario:Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)
«¡Feliz la que ha creído!»
Hoy, el texto del Evangelio corresponde al segundo misterio de gozo: la «Visitación de María a su prima Isabel». ¡Es realmente un misterio! ¡Una silenciosa explosión de un gozo profundo como nunca la historia nos había narrado! Es el gozo de María, que acaba de ser madre, por obra y gracia del Espíritu Santo. La palabra latina “gaudium” expresa un gozo profundo, íntimo, que no estalla por fuera. A pesar de eso, las montañas de Judá se cubrieron de gozo. María exultaba como una madre que acaba de saber que espera un hijo. ¡Y qué Hijo! Un Hijo que peregrinaba, ya antes de nacer, por senderos pedregosos que conducían hasta Ain Karen, arropado en el corazón y en los brazos de María.

Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Las palabras de la prima de María traspasarán los tiempos: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (cf. Lc 1,42). El rezo del Rosario, como fuente de gozo, es una de las nuevas perspectivas descubiertas por San Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre El Rosario de la Virgen María.

La alegría es inseparable de la fe. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra.

jueves, 20 de diciembre de 2018

JUEVES 20 DE DICIEMBRE




Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 20 de Diciembre
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
Comentario:Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España)
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»
Hoy contemplamos, una vez más, esta escena impresionante de la Anunciación. Dios, siempre fiel a sus promesas, a través del ángel Gabriel hace saber a María que es la escogida para traer al Salvador al mundo. Tal como el Señor suele actuar, el acontecimiento más grandioso para la historia de la Humanidad —el Creador y Señor de todas las cosas se hace hombre como nosotros— pasa de la manera más sencilla: una chica joven, en un pueblo pequeño de Galilea, sin espectáculo.

El modo es sencillo; el acontecimiento es inmenso. Como son también inmensas las virtudes de la Virgen María: llena de gracia, el Señor está con Ella, humilde, sencilla, disponible ante la voluntad de Dios, generosa. Dios tiene sus planes para Ella, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos del Padre-Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.

De la respuesta de María, así como de nuestra respuesta a lo que Dios nos pide —escribe san Josemaría— «no lo olvides, dependen muchas cosas grandes».

Nos estamos preparando para celebrar la fiesta de Navidad. La mejor manera de hacerlo es permanecer cerca de María, contemplando su vida y procurando imitar sus virtudes para poder acoger al Señor con un corazón bien dispuesto: —¿Qué espera Dios de mí, ahora, hoy, en mi trabajo, con esta persona que trato, en la relación con Él? Son situaciones pequeñas de cada día, pero, ¡depende tanto de la respuesta que demos!

miércoles, 19 de diciembre de 2018

MIERCOLES 19 DE DICIEMBRE



Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 19 de Diciembre
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 1,5-25): Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres».
Comentario:Rev. D. Ignasi FUSTER i Camp (La Llagosta, Barcelona, España)
«El ángel le dijo: ‘No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo’»
Hoy, el ángel Gabriel anuncia al sacerdote Zacarías el nacimiento “sobrenatural” de Juan el Bautista, que preparará la misión del Mesías. Dios, en su amorosa providencia, prepara el nacimiento de Jesús con el nacimiento de Juan, el Bautista. Aunque Isabel sea estéril, no importa. Dios quiere hacer el milagro por amor a nosotros, sus criaturas.

Pero Zacarías no manifiesta en el momento oportuno la visión sobrenatural de la fe: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad» (Lc 1,18). Tiene una mirada excesivamente humana. Le falta la docilidad confiada en los planes de Dios, que siempre son más grandes que los nuestros: ¡en este caso, ni más ni menos que la Encarnación del Hijo de Dios para la salvación del género humano! El ángel encuentra a Zacarías como “despistado”, lento para las cosas de Dios, como estando en “fuera de juego”.

Cuando ya faltan pocos días para la Navidad, conviene que el Ángel del Señor nos encuentre preparados, como María. Es necesario tratar de mantener la presencia de Dios a lo largo del día, intensificar nuestro amor a Jesucristo en nuestro tiempo de oración, recibir con mucha devoción la Sagrada Comunión: ¡porque Jesús nace y viene a nosotros! Y que no nos falte la visión sobrenatural en todos los quehaceres de nuestra vida. Hemos de poner visión sobrenatural en nuestro trabajo profesional, en nuestros estudios, en nuestros apostolados, incluso en los contratiempos de la jornada. ¡Nada escapa a la providencia divina! Con la certeza y la alegría de saber que nosotros colaboramos con los ángeles y con el Señor en los planes amorosos y salvadores de Dios.

martes, 18 de diciembre de 2018

MARTES 18 DE DICIEMBRE




Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 18 de Diciembre
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mt 1,18-24): La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
Comentario:Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer»
Hoy, la liturgia de la palabra nos invita a considerar el maravilloso ejemplo de san José. Él fue extraordinariamente sacrificado y delicado con su prometida María.

No hay duda de que ambos eran personas excelentes, enamorados entre ellos como ninguna otra pareja. Pero, a la vez, hay que reconocer que el Altísimo quiso que su amor esponsalicio pasara por circunstancias muy exigentes.

Ha escrito el Papa San Juan Pablo II que «el cristianismo es la sorpresa de un Dios que se ha puesto de parte de su criatura». De hecho, ha sido Él quien ha tomado la “iniciativa”: para venir a este mundo no ha esperado a que hiciésemos méritos. Con todo, Él propone su iniciativa, no la impone: casi —diríamos— nos pide “permiso”. A Santa María se le propuso —¡no se le impuso!— la vocación de Madre de Dios: «Él, que había tenido el poder de crearlo todo a partir de la nada, se negó a rehacer lo que había sido profanado si no concurría María» (San Anselmo).

Pero Dios no solamente nos pide permiso, sino también contribución con sus planes, y contribución heroica. Y así fue en el caso de María y José. En concreto, el Niño Jesús necesitó unos padres. Más aún: necesitó el heroísmo de sus padres, que tuvieron que esforzarse mucho para defender la vida del “pequeño Redentor”.

Lo que es muy bonito es que María reveló muy pocos detalles de su alumbramiento: un hecho tan emblemático es relatado con sólo dos versículos (cf. Lc 2,6-7). En cambio, fue más explícita al hablar de la delicadeza que su esposo José tuvo con Ella. El hecho fue que «antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1,19), y por no correr el riesgo de infamarla, José hubiera preferido desaparecer discretamente y renunciar a su amor (circunstancia que le desfavorecía socialmente). Así, antes de que hubiese sido promulgada la ley de la caridad, san José ya la practicó: María (y el trato justo con ella) fue su ley.

lunes, 17 de diciembre de 2018

LUNES 17 DE DICIEMBRE



Diálogo con Jesús
Oh Espíritu Santo de amor, Espíritu Santo de los divinos consuelos, acércate a mi vida y lléname de fuerzas el corazón para vivir en una sana relación con el Padre y el Hijo y así desprenderme de todo cuánto no me conduce a la santidad. Quiero descansar en Ti, vivir para Ti, teniendo confianza y paz en mi corazón. De serenidad todo eres Tú, de compasión es tu esencia. Gracias por tu cariño revitalizante, por protegerme en los momentos de peligro y por estar a mi lado en medio de mis aflicciones. Tu presencia en mi vida genera experiencias de poder cada vez más grande y me hace capaz de realizar todo aquello que antes no creía poder hacerlo. Oh Espíritu Santo bendito, ven con tu presencia y protégeme siempre. Amén.
Evangelio del día: Jesucristo es el Dios del tiempo, el Dios de la historia
Mateo 1,1-17 - III Lunes de Adviento: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Es el Dios del tiempo, Dios de la historia

Evangelio según San Mateo 1,1-17

El nacimiento de Jesús: "Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asaf; Asaf, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amós; Amós, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones". Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Cuando leemos el libro del Génesis corremos el riesgo de pensar que Dios haya sido un mago que hacía las cosas con la barita mágica. Pero no ha sido así, porque Dios ha hechos las cosas y las ha dejado ir con las leyes internas, interiores, que Él ha dado a cada una, para que se desarrollaran, para que llegaran a la plenitud.
El Señor, a las cosas del universo les ha dado autonomía, pero no independencia Porque Dios no es mago, es creador. Y cuando en el sexto día, de aquel relato, llega la creación del hombre da otra autonomía, algo diversa, pero no independiente: una autonomía que es la libertad.
Y Dios dice al hombre que vaya adelante en la historia, lo hace responsable de la creación, también para que domine la creación, para que la lleve adelante y para llegar así a la plenitud de los tiempos.
¿Y cuál era la plenitud de los tiempos? Lo que Él tenía en el corazón: la llegada de su Hijo. Porque Dios nos ha predestinado, a todos, a ser conformes a la imagen del Hijo.
Y éste es el camino de la humanidad, es el camino del hombre. Dios quería que nosotros fuésemos como su Hijo y que su Hijo fuera como nosotros.
De este modo, en la genealogía de Jesús, están los santos y también los pecadores, pero la historia va adelante porque Dios ha querido que los hombres fuéramos libres.
Y si es verdad que cuando el hombre usó mal su libertad, Dios lo echó del Paraíso también es verdad que le hizo una promesa y el hombre salió del Paraíso con esperanza. Pecador, ¡pero con esperanzas!.
Los hombres no recorren su camino solos, sino que Dios camina con nosotros.Porque Dios hizo una opción: optó por el tiempo, no por el momento. Es el Dios del tiempo, es el Dios de la historia, es el Dios que camina con sus hijos. Y esto hasta la plenitud de los tiempos cuando su Hijo se hace hombre... (Homilía en Santa Marta, 08 de Septiembre de 2014)

Oración de Sanación

Mi amado Jesús, despierto sonriente pensando en tu venida a este mundo y toda la alegría y bendiciones que trajiste a toda la humanidad para liberarla de los sufrimientos del alma.
Tú eres la Luz que nace desde lo alto, el eterno resplandor del Cielo, el Trono viviente que descendió con su poder y que vino a iluminar nuestros senderos y a llenar de gozo el corazón.
Con cuánto ardor mi alma ha deseado tu venida esperando que restaures toda aquella inocencia que algún día perdí, que restaures mi niño interior, aquella pureza disuelta por las distracciones del mundo y los sinsabores de la vida.
Hoy te acercas a mí como mi Señor, como mi Maestro y amigo, quiero contemplarte en tu gloria y unirme de júbilo al canto de alabanza de tus ángeles. Quiero al fin alojarte en la profundidad de mi vida.
La Navidad que me ofreces es el gran consuelo del espíritu, el amor, la paz, el regocijo y el silencio; por eso, quiero vivir tu nacimiento en mi corazón, ante la imagen pura de tu niñez y de la luz de tu eterno amor.
No quiero que ninguna preocupación aparte mi corazón y mi alma de lo que verdaderamente importa en Navidad: ¡Tú!, tu misterio de encarnación, que vienes a mí despojado de todo para despojarme de todo lo que es innecesario
Que desde ahora brille tu Luz y tu Verdad en el mundo y que yo pueda vivir el Amor, la paz y la felicidad que traes contigo.
Oh Sol naciente, Creador de todo lo visible e invisible, con tu fuego inextinguible ven a despertar mi conciencia transformándome en destello de tu poder. Amén

Propósito para hoy

Hoy, buscaré un lugar tranquilo y meditaré sobre todo lo que Dios ha hecho en mi vida y si he puesto en acción su Palabra

Frase de reflexión

"Hoy quisiera que cada uno de nosotros recordase su propia historia y los dones que ha recibido del Señor". Papa Francisco
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san lazaro de betania amigo de jesus