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viernes, 29 de mayo de 2020

DOMINGO 31 DE MAYO




   
Espíritu que hace hombres libres
Evangelio: san Juan. 20,19-23: «Reciban el Espíritu Santo»
 Nos reunimos para celebrar la Eucaristía en el Domingo de Pentecostés, el misterio del Espíritu Santo presente en la Iglesia y en nosotros. Durante todos estos Domingos pasados hemos estado recordando y celebrando el gran triunfo de Cristo por su Resurrección.
Ahora comenzamos a celebrar la Misión de la Iglesia, estimulada y fortalecida por la acción del Espíritu Santo. La fiesta de Pentecostés es como la plenitud y la madurez de la Pascua. El Cirio Pascual, símbolo de la presencia de Jesús entre nosotros por su resurrección, queda apagado hoy para dar paso a la acción de la Iglesia por la fuerza del Espíritu.
Si el Espíritu resucitó a Jesús, ahora despierta y llena de vida a la Comunidad cristiana y la empuja a desarrollar su misión con valor y fuerza apostólica. La Comunidad cristiana, que ha estado callada, silenciosa, se lanza a proclamar la resurrección de Jesús y su mensaje salvador a voz en grito en todas direcciones por la fuerza del Espíritu.
¿QUÉ NOS DICE el texto?
¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior... ¿Qué me dice ese dinamismo del texto, todo menos estático? ¿Qué me dice este Jesús crucificado y a la vez resucitado? ¿Qué representa en mi vida y en mi seguimiento el hecho de ser enviado/a, de ser llamado/a a poner en marcha el perdón allí donde estoy? ¿Dónde percibo que Jesús sopla sobre mí y me regala su Espíritu?
Para destacar:
A nivel eclesiológico (discipular), básicamente es un texto de movimientos, de avances, de transformación: del miedo a la alegría, de estar cerrados a estar enviados. Nada queda igual después de la Resurrección, se inicia un nuevo itinerario radicalmente transformado y transformador.
A nivel cristológico, se remarca la bondad de Cristo Jesús, que no solo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que le dejaron, sino que les regala las primicias de su Pascua: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados. Jesús es el mismo Jesús crucificado pero también el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo.
A nivel teológico, es impresionante la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo y Señor, Espíritu Santo.
Él está presente
El texto evangélico se concentra en la creación de la nueva humanidad, la Comunidad animada por el Espíritu con capacidad para discernir quién se ha separado del viejo orden injusto (el «mundo») y se ha incorporado al nuevo orden (la vida de «paz y alegría») y, por eso, está libre de los pecados, y quién permanece aún en el «mundo» y, por consiguiente, mantiene su complicidad con «el pecado del mundo». La oposición entre dentro y fuera (de la casa), primero por miedo y después por la capacidad de discernir y declarar quién es justo y quién pecador, es fruto del don del Espíritu
Jesús se hace presente en la comunidad. Ni siquiera las puertas cerradas (de nuestros miedos, angustias, prejuicios, desesperación, confinamiento por el coronavuris) le impiden estar en medio de aquéllos que no lo reconocen. ¡Hasta el presente es así! Cuando estamos reunidos, también si las puertas están cerradas, ¡Jesús está en medio de nosotros! Y también hoy, la primera palabra de Jesús será siempre: «¡La Paz esté con ustedes!»: así nos visita en nuestro confinamiento para asegurarnos que Él siempre ha estado de nuestro lado, que nos acompaña en esta situación de pandemia para darnos ánimo y devolvernos la esperanza con un saludo vivificador: «La Paz sea con ustedes»
Él les muestra las señales de su pasión en las manos y en su costado. ¡El resucitado es el crucificado! El Jesús que está con nosotros en la comunidad, no es un Jesús glorioso que no tiene nada en común con la vida de la gente. Sino es el mismo Jesús que ha venido a esta tierra y que tiene las señales de su pasión. Y hoy estas mismas señales se encuentran en los sufrimientos de la gente. Son los signos del hambre, de la tortura, de las guerras, de las enfermedades, de la violencia, de las injusticias, de los sufrimientos y angustia producidos por esta pandemia que nos llevó a vivir con las «puertas cerradas». ¡Tantas señales! Y en las personas que reaccionan y luchan por la vida, Jesús resucita y se vuelve presente en medio de nosotros.
«Shalom»: la construcción de la paz
En el evangelio de Juan, el primer encuentro entre Jesús resucitado y sus discípulos está marcado por el saludo: «¡La paz esté con vosotros!». La paz que Jesús nos da es diversa de la «Pax Romana», construida por el Imperio Romano: «no se la doy como la da el mundo». Paz en la Biblia («shalom») es una palabra rica de un profundo significado. Significa integridad de las personas delante de Dios y de los otros. Significa también vida plena, feliz, abundante.
La paz es señal de presencia de Dios, porque nuestro Dios es un Dios de paz. «Javhé es Paz. «¡Que la Paz de Dios está con ustedes!». -Por esto, la propuesta de paz de Dios produce reacciones violentas. Como dice el salmo: «Desde mucho tiempo vivo con los que odian la paz. Estoy a favor de la paz, pero cuando yo digo “¡Paz!” ellos gritan “¡Guerra!”» La paz que Jesús nos da es señal de “espada”. Supone persecuciones para las Comunidades. Y el mismo Jesús nos anuncia tribulaciones. Es necesario tener confianza, luchar, obrar, perseverar en el Espíritu de modo que un día triunfe la paz de Dios Y entonces, «el Reino de Dios será justicia, paz y alegría y estos serán los frutos del Espíritu Santo» y «Dios será todo en todos.
 A qué nos compromete la Palabra
«Así como el músico, con la lira bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves con los agudos y los intermedios, así también la sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el universo como una lira, une las cosas gobernándolas con su voluntad y beneplácito» (San Atanasio)
PENTECOSTES es una experiencia de COMUNION y de AMOR.
Contemplemos este Misterio insondable, a la luz de la Encíclica «Dios es amor» (Deus caritas est (DCE)) del Papa Benedicto XVI: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero, ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro».
Esto es acción del Espíritu Santo en el creyente y en la Iglesia.
«Ahora el amor es ocuparse y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca»
Fue el Espíritu Santo quien sacó a los discípulos del encerramiento y los lanzó a la misión, al servicio del Evangelio para los demás. «Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios»
Relación con la Eucaristía
El relato de Pentecostés es lo que ocurre en la celebración. Reunidos en torno de Jesús los hijos de adopción damos gracias; unidos en el amor de su Espíritu, hacemos una comunidad con los dones que El nos da.
Publicado por Hector De los Rios López en 10:02 p.m. No hay comentarios.:
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VIERNES 29 DE MAYO



   

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Viernes VII de Pascua
Escuchar audio
Ver santoral 
  • 29 de Mayo: San Pablo VI, papa
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 21,15-19): Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas».

Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
Comentario:+ Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España)
«‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’»
Hoy hemos de agradecer a san Juan que nos deje constancia de la íntima conversación entre Jesús y Pedro: «‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’» (Jn 21,15). —Desde los más pequeños, recién nacidos a la Vida de la Gracia... has de tener cuidado, como si fueras Yo mismo... Cuando por segunda vez... «le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’», Él le está diciendo a Simón Pedro: —A todos los que me sigan, tú los has de presidir en mi Amor, debes procurar que tengan la caridad ordenada. Así, todos conocerán por ti que me siguen a Mí; que mi voluntad es que pases por delante siempre, administrando los méritos que —para cada uno— Yo he ganado.

«Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’» (Jn 21,17). Le hace rectificar su triple negación y, solamente recordarla, le entristece. —Te amo totalmente, aunque te he negado..., ya sabes cómo he llorado mi traición, ya sabes cómo he encontrado consuelo solamente estando con tu Madre y con los hermanos.

Encontramos consuelo al recordar que el Señor estableció el poder de borrar el pecado que separa, mucho o poco, de su Amor y del amor a los hermanos. —Encuentro consuelo al admitir la verdad de mi alejamiento respecto de Ti y al sentir de tus labios sacerdotales el «Yo te absuelvo» “a modo de juicio”.

Encontramos consuelo en este poder de las llaves que Jesucristo otorga a todos sus sacerdotes-ministros, para volver a abrir las puertas de su amistad. —Señor, veo que un desamor se arregla con un acto de amor inmenso. Todo ello, nos conduce a valorar la joya inmensa del sacramento del perdón para confesar nuestros pecados, que realmente son “des-amor”.
Publicado por Hector De los Rios López en 8:25 a.m. No hay comentarios.:
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jueves, 28 de mayo de 2020

JUEVES 28 DE MAYO




         

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Jueves VII de Pascua
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Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 17,20-26): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

»Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».
Comentario:P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. (Barcelona, España)
«Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí»
Hoy, encontramos en el Evangelio un sólido fundamento para la confianza: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí» (Jn 17,20). Es el Corazón de Jesús que, en la intimidad con los suyos, les abre los tesoros inagotables de su Amor. Quiere afianzar sus corazones apesadumbrados por el aire de despedida que tienen las palabras y gestos del Maestro durante la Última Cena. Es la oración indefectible de Jesús que sube al Padre pidiendo por ellos. ¡Cuánta seguridad y fortaleza encontrarán después en esta oración a lo largo de su misión apostólica! En medio de todas las dificultades y peligros que tuvieron que afrontar, esa oración les acompañará y será la fuente en la que encontrarán la fuerza y arrojo para dar testimonio de su fe con la entrega de la propia vida.

La contemplación de esta realidad, de esa oración de Jesús por los suyos, tiene que llegar también a nuestras vidas: «No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí». Esas palabras atraviesan los siglos y llegan, con la misma intensidad con que fueron pronunciadas, hasta el corazón de todos y cada uno de los creyentes.

En el recuerdo de la última visita de San Juan Pablo II a España, encontramos en las palabras del Papa el eco de esa oración de Jesús por los suyos: «Con mis brazos abiertos os llevo a todos en mi corazón —dijo el Pontífice ante más de un millón de personas—. El recuerdo de estos días se hará oración pidiendo para vosotros la paz en fraterna convivencia, alentados por la esperanza cristiana que no defrauda». Y ya no tan cercano, otro Papa hacía una exhortación que nos llega al corazón después de muchos siglos: «No hay ningún enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no le ayude la oración de Cristo. Ya que si ésta fue de provecho para los que se ensañaron con Él, ¿cuánto más lo será para los que se convierten a Él?» (San León Magno).
Publicado por Hector De los Rios López en 8:23 a.m. No hay comentarios.:
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miércoles, 27 de mayo de 2020

MIERCOLES 27 DE MAYO




   

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Miércoles VII de Pascua
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Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 17,11b-19): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.

»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».
Comentario:Fr. Thomas LANE (Emmitsburg, Maryland, Estados Unidos)
«Que tengan en sí mismos mi alegría colmada»
Hoy vivimos en un mundo que no sabe cómo ser verdaderamente feliz con la felicidad de Jesús, un mundo que busca la felicidad de Jesús en todos los lugares equivocados y de la forma más equivocada posible. Buscar la felicidad sin Jesús sólo puede conducir a una infelicidad aún más profunda. Fijémonos en las telenovelas, en las que siempre se trata de alguien con problemas. Estas series de la TV nos muestran las miserias de una vida sin Dios.

Pero nosotros queremos vivir el día de hoy con la alegría de Jesús. Él ruega a su Padre en el Evangelio de hoy «y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada» (Jn 17,13). Notemos que Jesús quiere que en nosotros su alegría sea completa. Desea que nos colmemos de su alegría. Lo que no significa que no tengamos nuestra cruz, ya que «el mundo los ha odiado, porque no son del mundo» (Jn 17,14), pero Jesús espera de nosotros que vivamos con su alegría sin importar lo que el mundo pueda pensar de nosotros. La alegría de Jesús nos debe impregnar hasta lo más íntimo de nuestro ser, evitando que el estruendo superficial de un mundo sin Dios pueda penetrarnos.

Vivamos pues, hoy, con la alegría de Jesús. ¿Cómo podemos conseguir más y más de esta alegría del Señor Jesús? Obviamente, del propio Jesús. Jesucristo es el único que puede darnos la verdadera felicidad que falta en el mundo, como lo testimonian esas citadas series televisivas. Jesús dijo, «si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Jn 15,7). Dediquemos cada día, por tanto, un poco de nuestro tiempo a la oración con las palabras de Dios en las Escrituras; alimentémonos y consumamos las palabras de Jesús en la Sagrada Escritura; dejemos que sean nuestro alimento, para saciarnos con su alegría: «Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida» (Benedicto XVI).
Publicado por Hector De los Rios López en 8:28 a.m. No hay comentarios.:
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martes, 26 de mayo de 2020

MARTES 26 DE MAYO

   


       

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Martes VII de Pascua
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Ver santoral 
  • 26 de Mayo: San Felipe Neri, presbítero
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».
Comentario:Rev. D. Pere OLIVA i March (Sant Feliu de Torelló, Barcelona, España)
«Padre, ha llegado la hora»
Hoy, el Evangelio de san Juan —que hace días estamos leyendo— comienza hablándonos de la “hora”: «Padre, ha llegado la hora» (Jn 17,1). El momento culminante, la glorificación de todas las cosas, la donación máxima de Cristo que se entrega por todos... “La hora” es todavía una realidad escondida a los hombres; se revelará a medida que la trama de la vida de Jesús nos abra la perspectiva de la cruz.

¿Ha llegado la hora? ¿La hora de qué? Pues ha llegado la hora en que los hombres conozcamos el nombre de Dios, o sea, su acción, la manera de dirigirse a la Humanidad, la manera de hablarnos en el Hijo, en Cristo que ama.

Los hombres y las mujeres de hoy, conociendo a Dios por Jesús («las palabras que tú me diste se las he dado a ellos»: Jn 17,8), llegamos a ser testigos de la vida, de la vida divina que se desarrolla en nosotros por el sacramento bautismal. En Él vivimos, nos movemos y somos; en Él encontramos palabras que alimentan y que nos hacen crecer; en Él descubrimos qué quiere Dios de nosotros: la plenitud, la realización humana, una existencia que no vive de vanagloria personal sino de una actitud existencial que se apoya en Dios mismo y en su gloria. Como nos recuerda san Ireneo, «la gloria de Dios es que el hombre viva». ¡Alabemos a Dios y su gloria para que la persona humana llegue a su plenitud!

Estamos marcados por el Evangelio de Jesucristo; trabajamos para la gloria de Dios, tarea que se traduce en un mayor servicio a la vida de los hombres y mujeres de hoy. Esto quiere decir: trabajar por la verdadera comunicación humana, la felicidad verdadera de la persona, fomentar el gozo de los tristes, ejercer la compasión con los débiles... En definitiva: abiertos a la Vida (en mayúscula).

Por el espíritu, Dios trabaja en el interior de cada ser humano y habita en lo más profundo de la persona y no deja de estimular a todos a vivir de los valores del Evangelio. La Buena Nueva es expresión de la felicidad liberadora que Él quiere darnos.
Publicado por Hector De los Rios López en 8:26 a.m. No hay comentarios.:
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lunes, 25 de mayo de 2020

LUNES 25 DE MAYO


Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Lunes VII de Pascua
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Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

       

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Lunes VII de Pascua
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Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».
Comentario:Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala (Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)
«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»
Hoy podemos tener la sensación de que el mundo de la fe en Cristo se debilita. Hay muchas noticias que van en contra de la fortaleza que querríamos recibir de la vida fundamentada íntegramente en el Evangelio. Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo están en boga y en contra de todo lo que suponga ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. No obstante, este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen más malestar e inquietud interior. ¿No será por esto que, hoy, las personas van por la calle enfurruñadas, cerradas y preocupadas por un futuro que no ven nada claro, precisamente porque se lo han hipotecado al precio de un coche, de un piso o de unas vacaciones que, de hecho, no se pueden permitir?

Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), es decir, por su Pasión, Muerte y Resurrección ha alcanzado la vida eterna, aquella que no tiene obstáculos, aquella que no tiene límite porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades.

Los de Cristo vencemos las dificultades tal y como Él las ha vencido, a pesar de que en nuestra vida también hayamos de pasar por sucesivas muertes y resurrecciones, nunca deseadas pero sí asumidas por el mismo Misterio Pascual de Cristo. ¿Acaso no son “muertes” la pérdida de un amigo, la separación de la persona amada, el fracaso de un proyecto o las limitaciones que experimentamos a causa de nuestra fragilidad humana?

Pero «sobre todas estas cosas triunfamos por Aquel que nos amó» (Rom 8,37). Seamos testigos del amor de Dios, porque Él en nosotros «ha hecho (...) cosas grandes» (Lc 1,49) y nos ha dado su ayuda para superar toda dificultad, incluso la muerte, porque Cristo nos comunica su Espíritu Santo.
Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala (Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)
«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»
Hoy podemos tener la sensación de que el mundo de la fe en Cristo se debilita. Hay muchas noticias que van en contra de la fortaleza que querríamos recibir de la vida fundamentada íntegramente en el Evangelio. Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo están en boga y en contra de todo lo que suponga ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. No obstante, este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen más malestar e inquietud interior. ¿No será por esto que, hoy, las personas van por la calle enfurruñadas, cerradas y preocupadas por un futuro que no ven nada claro, precisamente porque se lo han hipotecado al precio de un coche, de un piso o de unas vacaciones que, de hecho, no se pueden permitir?

Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), es decir, por su Pasión, Muerte y Resurrección ha alcanzado la vida eterna, aquella que no tiene obstáculos, aquella que no tiene límite porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades.

Los de Cristo vencemos las dificultades tal y como Él las ha vencido, a pesar de que en nuestra vida también hayamos de pasar por sucesivas muertes y resurrecciones, nunca deseadas pero sí asumidas por el mismo Misterio Pascual de Cristo. ¿Acaso no son “muertes” la pérdida de un amigo, la separación de la persona amada, el fracaso de un proyecto o las limitaciones que experimentamos a causa de nuestra fragilidad humana?

Pero «sobre todas estas cosas triunfamos por Aquel que nos amó» (Rom 8,37). Seamos testigos del amor de Dios, porque Él en nosotros «ha hecho (...) cosas grandes» (Lc 1,49) y nos ha dado su ayuda para superar toda dificultad, incluso la muerte, porque Cristo nos comunica su Espíritu Santo.
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Mensaje enviado de comunicacion@evangeli.net a hbaryona@gmail.com
 
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domingo, 24 de mayo de 2020

DOMINGO 24 DE MAYO

   




           
VIDA NUEVA
ASCENSION DEL SEÑOR:
Misión universal
Evangelio: san Mateo. 28, 16-20: «Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo»
La Ascensión es como el desarrollo del acontecimiento de la Pascua, su plenitud, que todavía «madurará» más con el envío del Espíritu. Pascua, Ascensión y Pentecostés no son unos hechos aislados, sucesivos, que conmemoramos con la oportuna fiesta anual. Son un único y dinámico movimiento de salvación que ha sucedido en Cristo, nuestra Cabeza, y que se nos va comunicando en la celebración pascual de cada año. Se pueden leer con provecho los números que el Catecismo dedica a la Ascensión del Señor: CIC. 659-667.
- En Pascua se nos reveló con luz total el nuevo rostro de Dios: el Padre que da vida sin limitaciones (ni siquiera la muerte lo detiene); por eso la Comunidad cristiana aprendió a llamarlo Padre todopoderoso. - En la Ascensión se nos reveló el nuevo modelo humano: el Hijo del Hombre glorificado (la cumbre de lo humano, el paradigma de la raza humana).
- En Pentecostés se nos revela el nuevo ideal de convivencia humana: el reino universal de Dios, la Comunidad humana abierta a todos los seres humanos, por encima de sus fronteras geográficas, étnicas o religiosas.
Invitación al éxtasis
Cuentan que a una tribu de indios, los Tasaday, en Filipinas, les podía faltar por mucho tiempo cuchillos, o lanzas, o arcos. Pero nunca les faltaba «éxtasis». Esta palabra, derivada del latín, significa «subir más allá de lo real y ordinario». Es cierto, nadie puede vivir sin esperanza de algo futuro y mejor. Por esta razón amamos, trabajamos, luchamos. Por esta razón creemos. La fe cristiana es por lo tanto una invitación al éxtasis. Hacia allá nos empuja la virtud de la esperanza. ¿Quién no aspira a un lugar donde no haya muerte, ni luto, ni llanto, ni fatigas, como dice el Apocalipsis? Cuando celebramos bien nuestra liturgia ¿no ensayamos un poco a ese éxtasis que sólo tendrá su plenitud después de la muerte?
Porque creer sin esperar sería un ejercicio demasiado oneroso. Porque amar a Dios incluye, irremediablemente, una tendencia a gozar de su eterna compañía. Los discípulos del Señor abandonaron muchas cosas para escuchar su Palabra y ser testigos de sus milagros. Pero su generosidad no excluía algo más. El premio que el mismo Jesús ofreció muchas veces: «Todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna».
No es hora de estar desconcertados, mirando hacia las nubes, como los apóstoles después de la Ascensión. Es hora de construir nuestra Iglesia, con toda la fuerza de nuestra convicción y todo el dinamismo de nuestra esperanza.
Dios con nosotros
El evangelio de san Mateo empezó con el anuncio de la encarnación del Hijo de Dios como el Emmanuel, el Dios con nosotros, y termina con esta misma palabra que nos asegura su presencia siempre viva. Tenemos que saberlo encontrar en su Palabra presente en las Sagradas Escrituras; en los Sacramentos que son sus acciones salvadoras hoy por medio de signos, en la Iglesia que es su cuerpo viviente en el mundo, en nuestra propia y personal historia si sabemos leer su presencia misteriosa en todos los momentos de nuestra vida, en la historia del mundo que nos toca vivir. El triunfo de Jesús es nuestro mejor motivo de alegría. Su presencia permanente con nosotros despierta nuestra esperanza. Esta certeza nos hace mirar el futuro con optimismo: vamos a salir de esta pandemia reanimados em el espíritu y convencidos de que vamos a mejorar nuestra vida personal, familiar, social, porque Jesucristo, «Dios con nosotros» encabeza nuestro camino y nos invita también a mirar hacia delante.
ORACIÓN: ¿QUÉ LE DECIMOS NOSOTROS a DIOS?
Señor Jesús, que tu Iglesia cumpla con fidelidad su Misión de escuchar y anunciar tu Palabra y la manifieste con su testimonio. Que todos nosotros, sintiéndonos miembros activos de la Comunidad Cristiana, anunciemos el Evangelio en nuestros ambientes con decisión y firmeza.
Que, aceptando la Misión que Tú nos ofreces, la llevemos a buen término en palabras y obras. Tú, Señor, eres nuestra gloria y nuestro orgullo. Nuestras manos son para aplaudirte y nuestra boca para alabarte; nuestros pies son para buscarte y nuestro corazón para amarte. - Nuestros días son para agradarte y nuestras noches son para soñarte. Nuestra vida es para servirte y nuestra eternidad para gozarte.
Acepta, Dios nuestro, nuestra ofrenda como supremo homenaje hacia Tí, - Señor y Dueño de todo el universo. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¿QUÉ NOS DICE la PALABRA?  En medio, la Eucaristía
Esta Comunidad que camina en tensión escatológica, entre la Ascensión y la vuelta definitiva de Jesús, concentra su vivencia de fe en la Eucaristía: «cada vez que comen... proclaman la muerte del Señor hasta que vuelva» (1Co. 11,26). - En la Eucaristía es donde más concretamente «experimentamos», desde la fe, la presencia viva del Resucitado: en la Comunidad, en el presidente que es su imagen personal, en la proclamación de la Palabra, y sobre todo en la mesa eucarística, en la que participamos del Cuerpo y Sangre de ese Cristo que ha vencido a la muerte y nos comunica cada vez su vida de Resucitado como garantía y prenda de nuestra futura resurrección y vida plena.
Este día de la Ascensión se celebra la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En su mensaje, el Santo Padre flexiona sobre la narración, sobre la importancia de las historias en la vida de los hombres. Por ello, esta edición de la Jornada se desarrollará bajo el tema “Para que puedas contar y grabar en la memoria. La vida se hace historia”. El Pontífice señala en el mensaje de esta edición que “para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos”.


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viernes, 22 de mayo de 2020

VIERNES 22 DE MAYO

 



             

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Viernes VI de Pascua
Escuchar audio
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».
Comentario:+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol (Igualada, Barcelona, España)
«Vuestra tristeza se convertirá en gozo»
Hoy comenzamos el Decenario del Espíritu Santo. Reviviendo el Cenáculo, vemos a la Madre de Jesús, Madre del Buen Consejo, conversando con los Apóstoles. ¡Qué conversación tan cordial y llena! El repaso de todas las alegrías que habían tenido al lado del Maestro. Los días pascuales, la Ascensión y las promesas de Jesús. Los sufrimientos de los días de la Pasión se han tornado alegrías. ¡Qué ambiente tan bonito en el Cenáculo! Y el que se está preparando, como Jesús les ha dicho.

Nosotros sabemos que María, Reina de los Apóstoles, Esposa del Espíritu Santo, Madre de la Iglesia naciente, nos guía para recibir los dones y los frutos del Espíritu Santo. Los dones son como la vela de una embarcación cuando está desplegada y el viento —que representa la gracia— le va a favor: ¡qué rapidez y facilidad en el camino!

El Señor nos promete también en nuestra ruta convertir las fatigas en alegría: «Vuestra alegría nadie os la podrá quitar» (Jn 16,23) y «vuestra alegría será completa» (Jn 16,24). Y en el Salmo 126,6: «Al ir, va llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas».

Durante toda esta semana, la Liturgia nos habla de rejuvenecer, de exultar (saltar de alegría), de la felicidad segura y eterna. Todo nos lleva a vivir de oración. Como nos dice san Josemaría: «Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino. —Pide esa misma alegría sobrenatural para todos».

El ser humano necesita reír para la salud física y espiritual. El humor sano enseña a vivir. San Pablo nos dirá: «Sabemos que todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios» (Rom 8,28). ¡He aquí una buena jaculatoria!: «¡Todo es para bien!»; «Omnia in bonum!».
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Associació Cultural M&M Euroeditors 08619 Borredà Barcelona España Spain

Mensaje enviado de comunicacion@evangeli.net a hbaryona@gmail.com
 
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jueves, 21 de mayo de 2020

JUEVES 21 DE MAYO




       

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Jueves VI de Pascua
Escuchar audio
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».
Comentario:Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu (Sant Feliu de Llobregat, España)
«Vuestra tristeza se convertirá en gozo»
Hoy contemplamos de nuevo la Palabra de Dios con la ayuda del evangelista Juan. En estos últimos días de Pascua sentimos una inquietud especial por hacer nuestra esta Palabra y entenderla. La misma inquietud de los primeros discípulos, que se expresa profundamente en las palabras de Jesús —«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16,16)— concentra la tensión de nuestras inquietudes de fe, de búsqueda de Dios en nuestra vida cotidiana.

Los cristianos de hoy sentimos la misma urgencia que los cristianos del primer siglo. Queremos ver a Jesús, necesitamos experimentar su presencia en medio de nosotros, para reforzar nuestra fe, esperanza y caridad. Por esto, nos provoca tristeza pensar que Él no esté entre nosotros, que no podamos sentir y tocar su presencia, sentir y escuchar su palabra. Pero esta tristeza se transforma en alegría profunda cuando experimentamos su presencia segura entre nosotros.

Esta presencia, así nos lo recordaba San Juan Pablo II en su última Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia, se concreta —específicamente— en la Eucaristía: «La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20). (...) La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, “misterio de luz”. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: 'Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron' (Lc 24,31)».

Pidamos a Dios una fe profunda, una inquietud constante que se sacie en la fuente eucarística, escuchando y entendiendo la Palabra de Dios; comiendo y saciando nuestra hambre en el Cuerpo de Cristo. Que el Espíritu Santo llene de luz nuestra búsqueda de Dios.
Publicado por Hector De los Rios López en 8:26 a.m. No hay comentarios.:
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miércoles, 20 de mayo de 2020

MIERCOLES 20 DE MAYO




            
 
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Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Miércoles VI de Pascua
Escuchar audio
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».
Comentario:Rev. D. Santi COLLELL i Aguirre (La Garriga, Barcelona, España)
«Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa»
Hoy, Señor, una vez más, nos quieres abrir los ojos para que nos demos cuenta de que, con demasiada frecuencia, hacemos las cosas al revés. «El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa» (Jn 16,13), aquello que el Padre ha dado a conocer al Hijo.

¡Es curioso!: más que dejarnos guiar por el Espíritu (¡qué gran desconocido en nuestras vidas!), lo que hacemos es, bien pasar de Él, bien “imponerle” las cosas una vez ya hemos tomado nuestras decisiones. Y lo que hoy se nos dice es más bien lo contrario: dejar que Él nos guíe.

Pienso, Señor, en voz alta... Vuelvo a leer el Evangelio de hoy y me vienen a la cabeza los chicos y chicas que recibirán la Confirmación este año. Veo los que me rodean y estoy tentado a pensar: —¡Qué verdes están! ¡A éstos, tu Espíritu no les va ni por delante ni por detrás; y más bien se dejan guiar por todo y por nada!

A quienes se nos considera adultos en la fe, haznos instrumentos eficaces de tu Espíritu para llegar a ser “contagiadores” de tu verdad; para intentar “guiar-acompañar”, ayudar a abrir los corazones y los oídos de quienes nos rodean.

«Mucho tengo todavía que deciros» (Jn 16,12). —¡No te retengas, Señor, en dirigirnos tu voz para revelarnos nuestras propias identidades! Que tu Espíritu de Verdad nos lleve a reconocer todo aquello de falso que pueda haber en nuestras vidas y nos haga valientes para enmendarlo. Que ponga luz en nuestros corazones para que reconozcamos, también, aquello que de auténtico hay dentro de nosotros y que ya participa de tu Verdad. Que reconociéndolo sepamos agradecerlo y vivirlo con alegría.

Espíritu de Verdad, abre nuestros corazones y nuestras vidas al Evangelio de Cristo: que sea ésta la luz que ilumine nuestra vida cotidiana. Espíritu Defensor, haznos fuertes para vivir la verdad de Cristo, dando testimonio a todos.
Publicado por Hector De los Rios López en 8:32 a.m. No hay comentarios.:
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