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sábado, 5 de junio de 2021

DOMINGO 6 DE JUNIO

La Eucaristía, sacrificio de Cristo y de la Iglesia

La liturgia nos invita hoy a meditar y reflexionar en la fiesta del «Cuerpo y la Sangre de Cristo» («Corpus Christi» se ha llamado tradicionalmente esta solemnidad), es decir, fiesta de Eucaristía y a renovar el compromiso que ese misterio tiene en nuestra vida cristiana. La Eucaristía de esta Solemnidad del Corpus debe ayudarnos a revisar nuestras actitudes. Y debe enseñarnos a participar más conscientemente en el sacrificio eucarístico.

LECTURAS:

Éxodo 24, 3-8: «Esta es la sangre de la Alianza que el señor hace con ustedes»

Salmo 116(115): «Alzaré la copa de la Salvación, invocando tu Nombre»

Carta a los Hebreos 9, 11-15: «Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos»

San Marcos 14,12-16.22-26: «Esto es mi Cuerpo... Ésta es mi Sangre»

Memorial, Presencia, Esperanza

Las plegarias eucarísticas de la santa Misa, inmediatamente después de la consagración, nos invitan a celebrar el «memorial» de nuestra redención, de la Pasión Muerte y Resurrección del Señor. La palabra «Memorial» tiene un sentido propio: es el acto que recoge un acontecimiento del pasado y lo trae al presente. No lo evoca como un mero recuerdo sino que le da una actualidad mística. Es la «anámnesis» que llaman los textos tradicionales.

En la celebración de la Eucaristía oímos decir: «Hagan esto en memoria de mí». Esta invitación no sólo nos pide repetir una ceremonia sino toda la significación del misterio eucarístico como Memorial, como Presencia, como Esperanza. La salvación y la redención son dos acciones divinas en incesante realización. Las necesita el mundo nuestro con toda la urgencia que vivimos. La Eucaristía hace presente hoy ese misterio con sus implicaciones. Es Memorial de las intervenciones divinas, vividas hoy en el contexto de nuestra sociedad. Es Emmanuel, Dios con nosotros, no sólo como una presencia que invita al sentimentalismo sino como una fuerza que quiere intervenir en nosotros y en la sociedad. Es la llamada a vivir siempre en perpetua esperanza, con la mirada fija hacia el Señor que está viniendo.

La Eucaristía es, pues, Memorial, Presencia y Esperanza... De esta manera, la Eucaristía penetra toda nuestra historia, pasado, presente y futuro y se hace «sacramento de lo cotidiano».

La Cena pascual

En la mente de los Evangelistas, concretamente hoy en la de Marcos, la institución de la Eucaristía que Cristo hace en la Ultima Cena tiene clara relación con la Pascua y la Alianza Judía. La Eucaristía perfecciona y sustituye la Pascua Judía. Es la plenitud de cuanto ella conmemoraba, realizaba y prenunciaba. Ahora el «Cordero Pascual» es el mismo Cristo. Será inmolado cruentamente a la misma hora en que Jerusalén inmolara el cordero típico de la Cena de Pascua. Con ello queda claro que cesó la pascua figurativa y comienza la verdadera Pascua salvadora. Cristo es de verdad Holocausto, Hostia. La «Redención» de Egipto que la Pascua Judía rememoraba era figura y tipo de la «Redención» verdadera. Ésta nos la da Cristo con su muerte. Y nos la aplica sacramentalmente con la Comunión. El Sacrificio de Cristo es de verdad sacrificio de «comunión»: en el Banquete Eucarístico somos comensales de Dios. Entramos en su intimidad. Es Banquete de Hijos. Cuando conocemos, amamos y servimos a Dios, es dádiva de Él a nosotros.

Una Mesa de amistad y solidaridad

Cada vez que celebramos la Eucaristía recordamos y revivimos la Ultima Cena que el Señor celebró con sus discípulos. Es, por lo tanto, el Sacramento en el que el Señor también nos invita a nosotros a sentarnos a su Mesa, para recordar y revivir lo que fue la expresión más intensa y más íntima del amor de Jesús a sus discípulos, y por tanto a todos nosotros. Nosotros, cuando invitamos a alguien a nuestra mesa: lo acogemos como es y en las circunstancias en las que vive. No le ponemos condiciones. Le damos lo mejor que tenemos sin regateos. Nos damos a nosotros mismos, le abrimos nuestro corazón, lo hacemos participe de nuestra intimidad.

Y eso produce frutos de amistad y de unión. Toda la vida de Jesús fue así: Acoger a todos sin rechazar a nadie. Más aún, fue a sentarse a la mesa de los marginados y rechazados, de aquéllos a quienes nadie invitaba y eran excluidos por todos. Se sentó a la mesa de los publicanos y los fariseos, de los pecadores y los mal vistos, y aceptó a cada uno como era. El gesto de Jesús en la Cena es dar y darse como expresión del amor de Dios a los hombres, ofreciéndolo todo para que todos lo tuvieran todo. La amistad, la unidad y la paz son fruto de lo que Dios da y el signo que nos autentifica como verdaderos discípulos de Jesús. Si falta el amor, la unidad y la paz, no podemos decir que somos de los suyos, que estamos sentados a su Mesa.

Celebrar la Eucaristía es ser invitados a sentarnos a la Mesa del Señor, y El nos acoge como somos, se nos da como alimento y como Vida. El es el motor de la verdadera comunidad y el camino de la construcción de la comunión entre todos los hombres. - Nosotros hemos de hacer lo mismo que Jesús: acoger a todos sin marginar a nadie y sentarnos a la mesa de los más desfavorecidos y desheredados.

¿AQUÉ NOS COMPROMETE la PALABRA?

En torno a la mesa eucarística nació la Iglesia (Cenáculo) y las primeras comunidades Cristianas. La gracia de la unión y de la caridad es específica de este sacramento. Entonces, entre los que comulgamos ¿por qué no son más vigorosas las virtudes de la solidaridad, del desinterés, de la justicia social, que buscan el bien de la Comunidad por encima de los intereses particulares? Talvez, porque la Celebración Eucarística no encuentra en nosotros, como preparación y acción de gracias, una disposición habitual de combatir nuestro egoísmo. Todo esto nos lleva a comprender mejor el sentido de lo que celebramos y sus permanentes exigencias en la vida. Hemos concebido a veces la Eucaristía de forma egoísta. Un don para mí, sin ninguna relación y exigencia a mi vida comunitaria dentro de la sociedad y de la Iglesia. Y esto es un pecado. Por ello tenemos que pedir perdón a Dios.

El Señor nos has mandado recordar en la Eucaristía las cosas grandes que ha hecho por los hombres. Esta certeza nos compromete a no permitir, con la ayuda de la Gracia, que nuestras celebraciones sean mediocres. El Señor, por el Espíritu, nos da la fuerza para que, sintiéndonos hermanos, podamos participar y celebrar con gozo en esta fiesta, en la que se renueva su entrega y amor por los hombres.

Para significar el amor que nos has tenido el Señor emplea las cosas sencillas de la tierra: el pan y el vino. Ojalá, por estos dones, aprendamos también nosotros a amar a nuestros hermanos, sobre todo a los que más nos necesitan. El Señor nos ha alimentado con su Palabra y con su Pan; se hace cercano a los hombres por los signos sencillos del vino y del pan; sabemos que aunque nos falte todo, nunca nos faltara su amor. Que su fuerza nos acompañe en este caminar de la vida, para que, amando a nuestros hermanos, podamos llegar a la vida eterna.

Relación con la Eucaristía

La Eucaristía será el «memorial» perenne de la Nueva Alianza: «Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre». «Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que la beban háganlo en memoria mía. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor, hasta que vuelva».

El Sacrificio del Señor nos queda en Sacramento: Lo rememoramos, lo proclamamos, lo revivimos; se perpetúa, se actualiza, se nos aplica hasta que Él venga. La Eucaristía es Sacramento de Sacrificio, de comunión y de presencia real y personal de Cristo. Es la plenitud de la Pascua Judía y de la Antigua Alianza.

¡Cuánto recordamos esa Iglesia de los primeros días, entusiasta, llena del gozo del Espíritu, solidaria, partiendo el pan por las casas!. ¡Cómo quisiéramos que así fueran nuestras parroquias, nuestras comunidades, nuestros hogares!. El Señor nos lo conceda así.


lunes, 20 de junio de 2016


20 DE JUNIO

ARQUIDIÓCESIS DE CALI

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

SOLEMNIDAD:

NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS

PATRONA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CALI

(20 de junio de 1964).

Santiago de Cali, 20 de junio.

HISTORIA

DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS

PATRONA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CALI.

En 1580 llegó a Cali una talla de piedra que representa la

virgen y el niño, encontrada en las tierras de Anchicayá,

su historia es un misterio. Se encuentra en La Iglesia de

la Merced, en la calle séptima con carrera tercera.

Textos y Fotos: Almaluz Hurtado Borrero.

"Hubo una gran procesión en la que sacaron de la iglesia

la imagen de la Virgen y después de recorrer con ella

muchísimas calles la volvieron a poner en su lugar. En

los sitios por donde debía pasar hicieron grandes

preparativos, adornaron las casas con zarazas de colores

y con todo cuanto les parecía que podía parecer de

ornato. Después de la procesión me dieron permiso de

subir al camerín y examinar de carca la imagen de

Nuestra-Señora-del-Queremal.

Quereme es el nombre de una flor de agradable aroma y

de la cual no se tiene noticia que crezca en sitio

diferente al occidente de Cali. Se trata de la

ThibaudiaQuereme y el lugar donde crece se llama El

Queremal. Cuando florece la venden en Cali. En el

Queremal encontraron una imagen tallada en piedra por

medios sobrenaturales, y la llevaron a Cali, como si su

localización original hubiera sido un error. La cubrieron

de pintura y de ropajes y la pusieron en un camerin para

venerarla.

Oremos:

Te pedimos, Padre santo, que nosotros tus siervos,

gocemos siempre de salud de alma y cuerpo,

y por la intercesión de Santa María, la Virgen,

nuestra Señora de los Remedios,

Patrona de la Arquidiócesis de Cali,

líbranos de las tristezas de este mundo

y concédenos abundar en gracias

de paz y progreso para todos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y

es Dios por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

+Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1,39-47

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a

la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de

Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura

en su vientre, se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a

voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el

fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la

madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis

oídos, la creatura saltó de alegría en mi vientre.

Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el

Señor se cumplirá”.

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mí espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo.

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos,

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacios.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

como lo había prometido a nuestros padres,

a favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Palabra del Señor.

Todos aclaman:

Gloria a ti, Señor Jesús.

sábado, 28 de mayo de 2016



DOMINGO 29 DE MAYO

Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo
Multiplicar el pan es compartir
Génesis 14,18-20: «Melquisedec presentó pan y vino»
Salmo 110(109): «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec»
1Corintios 11, 23-26: «Cada vez que coman este Pan y beban de este Cáliz, proclaman la muerte del Señor»
San Lucas   9,10-17: «Comieron todos y se saciaron»
El episodio de la historia de Abrahán que nos recuerda el libro del Génesis ha servido como punto de partida para una catequesis sobre Jesucristo y la Eucaristía. Melquisedec, Rey y Sacerdote sale al encuentro de Abraham y le presenta pan y vino. El representa un culto abierto, sin particularismos. Al no mencionar la Biblia su genealogía, se interpreta como una especial dedicación a Dios y a su misión. La ofrenda del pan y del vino significa un gesto de acogida, de espiritualización del culto frente a sacrificios animales.
Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), es un precursor lejano de todos los reyes hijos de David. Jesús es el Hijo de David, su reino no tiene fin, y su sacerdocio no se extingue, porque vive eternamente ante el Padre, intercediendo por nosotros,
La carta paulina a los Corintios nos brinda un testimonio emocionante de cómo Pablo recibió de la comunidad primitiva, al convertirse, la tradición de la institución de la Eucaristía «que procede del Señor». La eucaristía es el bien común de la Iglesia, el banquete en el que ofrecemos y participamos de la muerte sacrificial de Cristo.
Pablo recuerda la forma tradicional de la Cena, para cortar los abusos que se habían introducido en el ágape e precedía a la misma. Aparece la Eucaristía como memorial y como anuncio de la muerte del Señor. El interpreta su propia muerte: «Se entrega por ustedes y por todos los hombres».
En el Evangelio de hoy vemos que Jesús: dio de comer a más de cinco mil hombres, con los cinco panes y dos peces que le presentaron, después de estar hablando largamente del Reino, después de curar a los que lo necesitaban, alzando la mirada al cielo, orando, y pronunciando la bendición, - y recogieron las sobras: doce  cestos. Estos doce cestos, uno por cada apóstol, es el signo de que ellos han de seguir alimentando a los hambrientos, como Jesús lo hizo: con la Palabra, la oración, los signos correspondientes y el Pan.
Hoy, día de Corpus, nos alegramos con la celebración del gran acontecimiento realizado por Jesús en la noche del Jueves Santo: «esto es mi cuerpo y esta es mi sangre, derramada para el perdón de los pecados; hagan esto en conmemoración mía. Junto a la presencia sacramental de Cristo, celebramos su presencia en la Palabra, en la Comunidad, y en los «signos» que han de ser vistos en cada uno de nosotros como creyentes en Cristo Jesús.
Pero no podemos olvidar la otra parte del testamento que nos dejó: «ámense unos a otros como Yo los he amado». Si procuramos seguir el mandato de Jesús, oiremos aquellas palabras que también él pronunció: «vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer». La fiesta de Corpus nos habla de la manifestación del Señor, pero no solamente en las procesiones por las calles de nuestras ciudades y pueblos (que está muy bien hacerlo), sino en la manifestación de nuestra manera de vivir, que debe ser signo de fraternidad, de unidad, de caridad.
Para meditar durante la semana:
¿Es la Eucaristía le fuente que alimenta y la fuerza que anima nuestra vida cristiana
¿Ocupa la Eucaristía el lugar central en nuestra vida semanal?

sábado, 21 de mayo de 2016


DOMINGO 22 DE MAYO 2016

Fiesta de la Santísima Trinidad
¿Quién es Dios?
Proverbios.. 8,22-31: «Antes del origen de la tierra fui engendrada»
Salmo 8: «¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!»
Romanos 5, 1-5: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado»
San Juan 16,12-15: «Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu recibirá de lo mío y se lo anunciará”.
La primera parte y la más rica del «Año Litúrgico» toca hoy a su fin. En este período, comenzado en Adviento, hemos celebrado los grandes misterios de nuestra fe: Encarnación, Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecostés. Adecuadamente, cerramos este período con un Domingo dedicado a la Santísima Trinidad. Pues la Trinidad resume el misterio de Dios y del destino del hombre.
El texto poético del libro de los Proverbios es sobre la naturaleza de la Sabiduría de Dios. Y como los atributos de Dios no son diferentes de Dios mismo, el texto trata de Dios como Sabiduría. Así, aprendemos que la Sabiduría de Dios no tiene tiempo; es el origen de todos los seres y de la creación. La sabiduría de Dios preside sobre todo el mundo y su desarrollo; sóbrela naturaleza y la historia.
En la Carta a los Romanos S. Pablo nos recuerda que Cristo nos dio acceso a Dios. Dios, tan diferente de nosotros, tan inaccesible a nuestra inteligencia, es un misterio. Pero a través de Cristo somos capaces de conocer sobre Dios, de alcanzarlo y de ser sus amigos. Y sobre todo de compartir ese amor. Jesús nos reveló a Dios como amor, y la venida de este amor a nuestros corazones por el Espíritu Santo.
¿De qué se trata en el misterio de la Trinidad? Se trata de la naturaleza íntima del Dios cristiano, el único verdadero Dios, revelado por Jesucristo. Fue Cristo quien nos enseño sobre la Trinidad, en muchas ocasiones diferentes (en el Evangelio de hoy, por ejemplo), y esta enseñanza es esencial a la fe de la Iglesia. ¿Qué es lo que Jesús y su Iglesia dicen sobre la Trinidad?:
Primero: que es un misterio más allá de nuestra inteligencia. Y con razón. Si pudiéramos entender completamente a Dios, querría decir que estaríamos entendiendo a un dios falso, parecido a nosotros.
Segundo: hay sólo un y único Dios, no tres Dioses. La Trinidad significa que el Uno y Único Dios vive en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Tercero: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Personas diferentes, aunque no son tres Dioses diferentes. Y el Padre es totalmente Dios, y el Hijo es total e igualmente Dios, y asimismo el Espíritu Santo.
¿Es la Trinidad relevante para nuestra vida diaria? Lo es, y mucho. Porque Dios actúa en el mundo y en nosotros a través de sus tres diferentes Personas. Dios Padre  es fuente de creación y vida. Guía el mundo, por caminos misteriosos, por su Providencia, para compartir su propia vida y felicidad. Dios Hijo es Jesucristo, pues el Hijo se hizo carne. Jesús es nuestro Maestro y nuestro Salvador, y nuestro Amigo; para nosotros es el Camino y la «concentración» de la Trinidad. Y Dios Espíritu Santo, el amor de Dios actuando en la historia, en cada persona, cultura y pueblo, y principalmente en la Iglesia de Jesucristo.
Algunas preguntas para meditar durante la semana:
1. ¿Acepto a Dios como un misterio?
2. ¿Rezo a Dios en términos vagos, o me relaciono de persona a persona con el Padre, o con Jesús, o con el Espíritu Santo?

sábado, 14 de mayo de 2016



DOMINGO DE PENTECOSTÉS
El Espíritu, Señor y dador de Vida
Hechos 2,1-11: “…y todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
1Corintios 12, 3b-7.12-13 : ”En la Iglesia hay diversidad de dones pero un solo Espíritu”,
San Juan 20,19-23: “Reciban el Espíritu Santo”.
Hoy celebramos el misterio del Espíritu Santo presente en la Iglesia y en nosotros. En primer lugar leemos, en los Hechos de los Apóstoles, el relato bíblico de la venida del Espíritu, después de la Ascensión del Señor al cielo.
María y los Apóstoles, que se habían reunido, son llenos del Espíritu Santo, y a través de ellos toda la Iglesia. El relato usa también símbolos. El Espíritu viene corno fuego, significando que él quiere purificar y transformar en amor los corazones de los discípulos de Cristo.
El mensaje de San Pablo explica algunos de los efectos del Espíritu Santo en la Iglesia: Primero, el Espíritu es lazo de unidad: somos un cuerpo en Cristo, aunque somos diferentes y tenemos funciones diferentes en este Cuerpo, que es la Iglesia. Segundo, el Espíritu concede a cada miembro de la Iglesia un don o cualidad particular para el servicio del resto y para el bien común.
El Evangelio nos refiere al Espíritu Santo ofrecido por Jesús a los Apóstoles, como prenda del acontecimiento de Pentecostés. ¿Cómo podríamos entender mejor al Espíritu Santo y su papel? El Espíritu Santo, por supuesto, es Dios, la tercera persona de la Trinidad, enviado al mundo por el Padre y el Hijo.
Desde nuestro punto de vista, iluminados por la enseñanza de Jesús, percibimos al Espíritu Santo como Amor: el lazo de amor en la Trinidad (la Trinidad es puro amor), y el amor de Dios actuando en la humanidad. El Espíritu Santo es el Amor hecho Persona, algo muy difícil de entender para nosotros. Por este hecho, la tercera persona divina, el Espíritu, es fuente de amor en la creación. Todo amor viene de Dios; todo amor es generado por el.  El Espíritu es enviado al mundo para que el amor sea factible. Si el Espíritu se retirara del mundo, el amor desaparecería. Si podemos amar con todas las formas de amor -es porque el Espíritu está con nosotros-. El Espíritu fue enviado «por etapas» a través de la historia, alcanzando su plenitud en Pentecostés. Y aunque el Espíritu habita y actúa en cada ser humano, en todas las sociedades, culturas y religiones, después de Pentecostés tiene una presencia más especial y santificante en la Iglesia y sus miembros. Y aunque todo el mundo está bajo la gracia del Espíritu, no todo el mundo la recibe en la misma medida, y no todo el mundo es igualmente fiel al Espíritu de amor.
Algunas preguntas para pensar durante la semana:
1. Identifica en tu sociedad, tu familia y amistades, la obra del Espíritu Santo.

2. La Biblia afirma que el mundo es una mezcla de la obra del Espíritu y del pecado. Piensa en algunos ejemplos.

jueves, 5 de mayo de 2016



DOMINGO 8 DE MAYO: FIESTA DE LA ASCENSION DEL SEÑOR:  50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA ESTA JORNADA EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA: "COMUNICACION Y MISERICORDIA: UN ENCUENTRO FECUNDO"

VATICANO, 22 Ene. 16 / 06:02 am (ACI).- Esta mañana se presentó en el Vaticano el mensaje del Papa Francisco para la 50º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, bajo el lema “Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo”.
A continuación, presentamos el texto íntegro del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas,
El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.
Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.
La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.
Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).
Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).
Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado – violencia, corrupción, explotación, etc. –, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.
Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.
Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.
Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.
También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.
La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.
 

lunes, 4 de abril de 2016



FIESTA DE LA ANUNCIACION DEL SEÑOR

ESTA FIESTA SE TRASLADA PARA HOY YA QUE CAYO EL 25 DE MARZO EL VIERNES SANTO

EVANGELIO
Concebirás y darás a luz un hijo.
Del Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y Él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible
para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”.Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.


 

ÉL SERÁ GRANDE, Y SU REINO NO TENDRÁ FIN
La solemnidad que celebramos como Iglesia en el día de hoy, si bien recuerda el acontecimiento vocacional de María santísima y su generosa respuesta al proyecto de Dios, tiene su centro en Cristo, anunciado como Rey y Mesías.
Verdad: El profeta Isaías ofrece un anuncio de parte de Dios, acerca del signo por excelencia que Él quiere enviar a la humanidad: su Mesías salvador, a través de una doncella que concebirá y dará a luz al anhelado Emmanuel, al Dios- con-nosotros. Por su parte, el autor de la Carta a los Hebreos describe, según su propio estilo, la llegada del Mesías que viene a realizar la voluntad del Padre Dios, ofreciéndose a sí mismo para obtener la salvación y la santificación de la humanidad entera.
En el episodio de la anunciación, Dios toma la iniciativa de enviar a su mensajero a comunicar a la joven virgen de Nazaret el cumplimiento de las promesas del pasado, a través de su activa y generosa colaboración. En su seno virginal será engendrado el Hijo de Dios, por la fuerza del Altísimo, para cumplir lo anunciado por los profetas: ser el Dios-con-nosotros. Desde la encarnación, hasta su misterio pascual, Jesús demostró la radical solidaridad de Dios con la humanidad.
La liturgia de hoy tiene un claro matiz vocacional, tanto desde la perspectiva de María santísima, que recibe la llamada a ser Madre del Salvador, como de Jesús, que es enviado por el Padre Dios a cumplir las promesas salvadoras y ser Dios-con-nosotros. Aprovechemos la oportunidad para renovar el sentido de nuestra vocación cristiana; sintámonos llamados por Dios y enviados a la misión.
Camino: ¿Con qué actitudes respondo a la llamada que Dios me ha hecho? ¿Cómo me pueden motivar los ejemplos de Jesús y María en esta respuesta vocacional?
Vida: Señor Jesús: que, respondiendo a la misión que el Padre te confió, te encarnaste para ser Dios-con-nosotros, ayúdanos a cumplir nuestra tarea. Amén. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Santa Cruz

Durante todo el año se entremezclan las demostraciones más antiguas de las más puras raíces populares con otras costumbres de implantación menos ancestrales, pero no por ello de menos emoción y colorido. Como suele ocurrir en estos casos, algunas de estas fiestas tienen unos orígenes oscuros precisamente por su antigüedad, y a la par poseen unas connotaciones misteriosas que las hacen aún más atractivas. Ése es el caso de las ciudades y pueblos de Granada, en especial el Día de la Cruz.

¿Cuál es el origen del Día de la Cruz? Los libros litúrgicos contienen dos fiestas dedicadas al culto de la Cruz: La Invención de la Santa Cruz, el 3 de mayo, y la Exaltación, el 14 de septiembre. La Exaltación, que conmemora la dedicación de las basílicas de Jerusalén, es de origen oriental y no pasó a occidente hasta fines del siglo VII, a través del rito romano.

La Invención de la Santa Cruz, en cambio, es conmemorada desde antiguo. En España aparece en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes, poniéndola en relación con el relato del hallazgo por Santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo. Este relato figura en los pasionarios del siglo X y puede resumirse así: En el sexto año de su reinado, el emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vincis ("Con esta señal vencerás"). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias. Enseguida envió a su madre, santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y con torturas consiguió la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz a Judas (luego San Judas, obispo de Jerusalén). En el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera las colocaron una a una sobre un joven muerto, el cual resucitó al serle impuesta la tercera, la de Cristo. Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo.

LA DEVOCIÓN DE LOS MIL JESÚS:

Jesús nos dice: "Más cruel que el mayor de los tiranos es el demonio que procura subyugar el mayor número posible de almas, con astucia y engaños. El quiere tener un reino en el cual, sin ser visto, sea escuchado de buena gana y no por la fuerza, como sucede en su reinado de odio, de furor y de discordia" Aquellas personas que vayan creciendo en santidad, Jesús les va a dar la oportunidad de poder darse cuenta cuando el sembrador de discordia se encuentra junto a ustedes. No se muestra pudiendo; sólo por orgullo y porque le conviene también permanece y actuar en lo oculto, pero se puede notar perfectamente su presencia, basta que Jesús les quiera dar ese regalo. Al demonio se le derrota recibiendo los sacramentos, confesión y comunión con la mayor frecuencia posible y lo más importante, humildad, mucha humildad. El padre Fortea, conocido exorcista español, nos dice basta pronunciar la palabra "Jesús" y el demonio se aleja. Esta devoción consiste en invocar el Nombre de Jesús mil veces para derrotar de las casas a las huestes del mal. Como testimonio del triunfo del bien sobre el mal se hace una cruz de madera o de ramos de olivo o utilizamos alguna que tengamos en casa. Aquí les vamos a dejar la devoción de los mil Jesús, para que protejan sus hogares y sus familias, no se dice Jesús una vez, sino mil veces.

A continuación LA DEVOCIÓN DE LOS MIL JESÚS Para rezarse el día 3 de Mayo o en cualquier día:




SEÑAL DE LA CRUZ
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

PADRE NUESTRO
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

+ Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Amén

ORACIÓN INICIAL

“Santísima Cruz, mi abogada has de ser, en la vida y en la muerte me has de favorecer. Si a la hora de mi muerte el demonio me tentare, le diré: Satanás, Satanás, conmigo no contarás ni tendrás parte en mi alma, porque el día de la Santa Cruz dije mil veces Jesús”.

Jesús, Jesús, Jesús, Jesús .... (mil Veces, También se puede hacer la jaculatoria de Jesús)

GLORIA
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

+ Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

ORACION FINAL

Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, que, por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
Jesús, Jesús, Jesucristo.
Jesús, mi Jesús por siempre.
Jesús, Jesús en mi vida, Jesús, Jesús en mi muerte.
Dulce Jesús, sé mi Jesús y sálvanos. 

Oremos
Oh, Dios, que, al recordar hoy el descubrimiento de la verdadera cruz, renovaste los milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel sagrado leño de vida alcancemos eficaz socorro y ayuda del cielo para la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amen.




viernes, 1 de mayo de 2015

Evangelio 1 de Mayo 2015

Día litúrgico: 1 de Mayo: San José, obrero


Evangelio de San Mateo
(Mt 13, 54 - 58)

En aquel tiempo, viniendo Jesús a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?». Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.



REFLEXIÓN:

¿De dónde le viene todo esto?

Hoy celebramos la fiesta de san José obrero. Es un día festivo para descansar del trabajo cotidiano, y celebramos la Fiesta del Trabajo. Los trabajadores y sus sindicatos suelen aprovechar este día para hacer sus reivindicaciones en defensa de sus derechos. La Iglesia nos pone, hoy, el ejemplo de san José, el carpintero de Nazaret, que fue un modelo de trabajo para sostener su familia y desarrollar su oficio. Ésta es la forma normal de vivir en este mundo, ganándonos el pan de cada día con el sudor de nuestro trabajo. Los derechos humanos nos dicen que toda persona tiene derecho a un trabajo digno y bien remunerado. Es así como cumplimos con nuestros deberes y nos ganamos el salario que nos corresponde. San Ambrosio dice que «es un homicidio negar a un hombre el salario que necesita para vivir». Hoy, la Iglesia reza por el mundo del trabajo, para que todo trabajador pueda cumplir sus deberes y vivir con dignidad.
El mismo Evangelio nos presenta a Jesús como «hijo del carpintero» (Mt 13,56), en su pueblo de Nazaret donde se crió y donde vivió la mayor parte de los años de su vida terrenal. A pesar de todo, la gente de Nazaret no llegó a conocer la persona de Jesús. Se creían que lo conocían, pero nada sabían de Él. Por esto, no se podían explicar de dónde le venía la sabiduría y el poder de hacer milagros.
Y nosotros, los cristianos, ¿conocemos a Jesús? También somos de su pueblo, del pueblo de Dios, de la Iglesia, y nos podría pasar como a los habitantes de Nazaret, que no lo conocían suficientemente. Si de cualquier persona podemos aprender cosas positivas y buenas, mucho más podemos aprender de Jesús de Nazaret. Escuchando el Evangelio de cada día es la manera como conocemos y aprendemos muchas cosas buenas de Jesús. Es así como enriquecemos nuestra vida y nuestra fe. Pidámoslo a san José, que tan bien supo cuidar y amar a Jesús. (Rev. D. Xavier PARÉS i Saltor, España)


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