“Mi paz os dejo, mi paz os doy”
Se aprecia muy bien en las
lecturas de este domingo que el Espíritu que habita la Iglesia es el fruto
final de la Pascua.
Aparece en la primera lectura
guiando a la comunidad cristiana, inspirando el discernimiento y la decisión
sobre cuestiones que dividían a los convertidos.
La segunda es una parte de la
revelación que recibe el Apóstol Juan sobre la presencia de Dios en la Iglesia,
por su Espíritu. La luz de la nueva Jerusalén es el mismo Señor. Nosotros
estamos llamados a participar de esa luz a través del Espíritu que recibimos
y a compartirla con los demás.
Y el evangelio nos hace ver
que quien ama a Jesús cumplirá sus palabras. Esa será la condición para que el
Padre envíe al Espíritu Santo en el nombre de Jesucristo y pueda venir y hacer
morada en quienes guardan sus palabras.
Dos consecuencias de hacernos
morada de Dios son: el Espíritu nos enseñará y nos recordará todo lo que
Jesús nos ha dicho; y la paz de Jesús nos ayudará a superar toda inquietud y
cobardía.
6 DOMINGO DE PASCUA -
25 DE MAYO
LECTURAS: .
Lectura de los Hechos de los
Apóstoles 15, 1-2. 22-29 :”En aquellos días, unos que bajaron de Judea se
pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso
de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta
discusión con Pablo y Bernabé;…”
Salmo 66, R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben.
Lectura del Libro del
Apocalipsis 21, 10-14. 22-23 :”El ángel me llevó en espíritu a un monte grande
y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de
parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una
piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino…”
Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29 :”En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él….
”Reflexión del Evangelio de
hoy
Jesús: gestos, acciones y
palabras
El amor fraterno es la señal
por la que se reconocerá que somos discípulos de Jesús. Pero hay un matiz más
en la vivencia del amor: «si alguien me ama, guardará mis palabras». La
encarnación de Jesús puso las bases del Reino de Dios. Él manifestó su novedad
con gestos, con acciones concretas y también con sus palabras; él mismo es la
Palabra de Dios hecha carne. Hay una relación muy estrecha entre las tres
manifestaciones. Quien ama a Jesús debe guardar sus palabras y debe también
examinar detenidamente sus comportamientos; se completan y se explican
mutuamente.
La relación más cercana entre
palabra y acción se dio con la resurrección. Desde que Jesucristo resucitó
nadie puede entrar en el Reino si no es por medio de Él. Y nada ni nadie puede
impedir definitivamente que llegue a su plenitud el Reino de Dios.
Los deseos y los dones finales
de Jesús
Jesús es realista. Ve a sus
discípulos tristes y acobardados. Viven las últimas horas con su Maestro. ¿Qué
sucederá cuando les falte? Les infunde ánimo descubriéndoles sus últimos
deseos.
El primero es que no se olvide
su mensaje, la Buena Noticia de Dios. Si le aman, esto es lo primero que han de
cuidar: «el que me ama, guardará mi palabra…». ¿Qué hacemos nosotros con el
Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo manejamos según nuestros
intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo
presentamos con autenticidad o lo reconvertimos con nuestras doctrinas?
El segundo deseo va unido al
anuncio de que el Padre enviará en su nombre un Defensor. No sentirán su
ausencia. El Espíritu Santo los defenderá del riesgo de desviarse de él. Les
explicará mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez
más su Buena Noticia. Los educará en su estilo de vida. Los cristianos de hoy,
¿nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena
Noticia? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?
Y el tercer deseo y don es la
paz. La paz de Jesús es fruto de su unión íntima con el Padre. Nacerá en el
corazón de los discípulos si acogen el Espíritu. Es la paz que han de contagiar
siempre y nunca perderla.
¿Por qué es tan difícil la
paz? ¿Por qué fracasa una y otra vez el diálogo? ¿Por qué se vuelve una y otra
vez al enfrentamiento y a la agresión mutua? ¿Por qué se ponen tantos
obstáculos a la concordia? Una cosa es cierta: No cualquier persona puede sembrar
paz, solo quienes poseen paz pueden ponerla en la sociedad. Con el corazón
lleno de resentimiento, de intolerancia, de dogmatismo, se puede movilizar a
algunos sectores; con actitudes de prepotencia, de hostilidad, de agresión, se
puede hacer política y propaganda electoral, pero no se puede aportar verdadera
paz a la convivencia de las gentes.
Nos falta paz porque nos
faltan hombres y mujeres de paz. Quienes la poseen en su corazón la llevan
consigo y la difunden. Jesús nos dice: «Que no tiemble vuestro corazón ni se
acobarde». Mucha gente tiene hambre de Jesús y de su paz. Estamos llamados a ser
una Iglesia en salida, caminando juntos, en sinodalidad, hacia una Iglesia más
fiel a Jesús y a su Evangelio, con cristianos que acojan el Espíritu de Dios,
no pierdan la paz y la siembren.
Hacia la Ascensión y
Pentecostés
Las de Jesús en las lecturas
de hoy son palabras de despedida que nos acercan a vivir las próximas fiestas
de la Ascensión y de Pentecostés. Son palabras que forman parte de un
testamento, un tipo de manifestación que humanamente solemos considerar sagrada
e inviolable como última voluntad. Son palabras que estamos lejos de vivirlas
en plenitud, de cumplirlas. Él nos señala que no podemos pensar siquiera que le
amamos si no guardamos sus palabras.
Él mismo nos recomienda a sus
seguidores que roguemos insistentemente a Dios para que nos conceda su Espíritu
y para que éste nos recuerde constantemente sus palabras y nos ayude a
comprenderlas y a profundizarlas. Son muchas las situaciones humanas
necesitadas de paz verdadera. Si nuestro amor a Jesús es verdadero, será
guardando sus palabras como caminaremos hacia la alegría de la paz que él nos
da.
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