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sábado, 11 de abril de 2015

II Domingo de Pascua 2015 y de la Divina Misericordia

Domingo, Abril 12 de 2015.

Evangelio según San Juan 20,19-31. 


Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". 
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. 
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 
Tomas, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomas. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 
Luego dijo a Tomas: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". 
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". 
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.



Reflexión:

EL ENCUENTRO CON JESÚS RESUCITADO:
La alegría de la fe en medio de la Comunidad Pascual

Nunca dejes que nada te llene de tanto dolor o tristeza que llegue hacer que te olvides del gozo de Cristo resucitado” (Madre Teresa de Calcuta)

El pasaje del evangelio de este domingo, segundo domingo de Pascua, domingo de la misericordia, tomado de Juan, nos dice cómo se llega a esta alegría. Vamos a explorar éste y otros elementos de la experiencia pascual en un relato que es verdaderamente grandioso: la aparición de Jesús resucitado a su comunidad tanto el primero como el segundo domingo de Pascua.

Efectivamente, se trata de un relato que se desarrolla a partir de diversos itinerarios internos:

  • Del miedo a la alegría 
  • Del oír al experimentar
  • Del ver al creer 
  • Del recibir al dar 
  • Del creer al testimoniar

Tal es la progresión a la cual el relato de estas dos apariciones de Jesús resucitado nos permite asistir.
Entremos en el relato decantando sus elementos más significativos.

El primer domingo se va abriendo paso

En la oscuridad de la madrugada María Magdalena había encontrado el sepulcro vacío. Durante el mismo día, la Magdalena se había convertido en dos ocasiones en mensajera del acontecimiento: la primera vez para informar sobre la tumba vacía y la segunda como enviada de Jesús resucitado para anunciarle a la comunidad que “hemos visto al Señor” y transmitirles sus palabras.

En medio de los dos anuncios de la mujer e inicialmente impulsados por ella, el Cuarto Evangelio nos narra la ida de Pedro y el Discípulo amado a la tumba vacía. Allí el Discípulo amado “vio y creyó” a partir de la observación de los signos. Si con la Magdalena tenemos el modelo del anuncio pascual, con el Discípulo amado tenemos el modelo de la fe pascual.

Pero el relato ahora avanza hacia el culmen del primer domingo pascual: ese mismo día, “al atardecer”, el Resucitado viene personalmente al encuentro de sus discípulos. El cuarto evangelio insiste en que estamos aún en el “primer día de la semana”.

El estado inicial en que se encuentra la comunidad se describe así: “…Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar en que se encontraban…”. Jesús los encuentra con las puertas cerradas: todavía están en el sepulcro del miedo y no participan de su vida resucitada. - Esta es la primera vez que se le manifiesta como Señor Resucitado a su comunidad. Se realiza entonces al interior de la comunidad primera el camino de la fe pascual.

El primer encuentro de Jesús resucitado con su comunidad

Tiene dos momentos: (1) Jesús se manifiesta a su comunidad en cuanto Señor resucitado. - (2) Jesús les comparte su misma misión, su propia vida y su propio poder para perdonar pecados.

Jesús se manifiesta a su comunidad en cuanto Señor resucitado - Tres acciones realiza Jesús:

  • Se pone “en medio de ellos”;
  • Les da su paz: “La paz con vosotros”; 
  • Les hace ver las marcas de su crucifixión: “Les mostró las manos y el costado”. 
  • Y la reacción no se hace esperar: “Los discípulos se alegraron de ver al Señor”.

La presencia de Jesús resucitado suscita paz y de su alegría. Estos son los dos grandes dones el Resucitado.

- El primer don fundamental del Resucitado es la “paz

Tres veces, Jesús insiste en esto.- Jesús se las había prometido en sus palabras de despedida: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. -Ahora, cuando ha alcanzado su meta y ha sido glorificado, en cuanto vencedor del mundo y en su ir al Padre, Jesús está en condiciones de “dar” la paz anunciada. -Jesús mismo es el fundamento de su paz. No se trata de evitarle a los discípulos las aflicciones del mundo (por eso había dicho: “en el mundo tendréis tribulación”, sino de darles seguridad y confianza frente al mundo:
¡Ánimo, yo he vencido al mundo!”.

- De dónde proviene el “don”: las manos clavadas y el costado traspasado -.

Jesús le da un fundamento sólido a sus palabras: se legitima ante sus discípulos mostrándoles sus llagas. Con este gesto quiere decir que el Resucitado es el Crucificado y no otro.

Pero la contemplación (ese “ver” los signos) de las llagas del Crucificado lleva a descubrir otro mensaje: ¡El Resucitado ha vencido la muerte!

Las llagas son el signo de su amor inmenso por los suyos: los discípulos, esos amigos por quienes dio la vida, son verdaderamente amados. Jesús fue efectivamente para ellos el “Buen Pastor”.

Estas llagas son la de un Resucitado. Por tanto este amor no faltará nunca, ahí están estas señales de los clavos que lo ataron a la Cruz para recordarlo todos los días. La fuente de vida que brotó de su costado traspasado por la lanza no parará de manar el agua del Espíritu para todo el que se acerque a Él.

- La reacción frente a la experiencia del Resucitado es la alegría

La respuesta no puede ser sino la alegría de ver al Señor. Es el gozo pleno de quien se siente amado: en la Pascua los discípulos hacen la experiencia de este amor sin límites del Señor.

El contraste con la situación inicial es notable. - Los discípulos ahora saben que, en un mundo que infunde miedo, ellos cuentan con el vencedor del mundo. En consecuencia, no deben cerrarse ante el mundo y sus desafíos, sino entrar en él llenos de confianza.

Por eso Jesús les abre las puertas, para que sean capaces de ir al encuentro de este mundo, llenos de paz y de alegría, y de esta manera ser portadores de los dones del Crucificado-Resucitado.

HÉCTOR DE LOS RÍOS L.

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