SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
LA
ESPERANZA QUE NOS ANIMA
Génesis. 12, 1-4: «Haré de
ti un gran Pueblo»
Salmo 33(32): «Que tu
misericordia, Señor, venga sobre nosotros»
2Timmteo 1, 8b-10: «Soporta
conmigo los sufrimientos por el Evangelio»
San Mateo 17, 1-9: «Su
rostro resplandecía como el sol»
El tema central de este
segundo domingo de Cuaresma es la dificultad que implica la conversión a Cristo
y a su seguimiento.
Abraham, nuestro padre en la
fe, fue el primer verdadero seguidor del único y verdadero Dios, por eso en
este texto se nos presenta su llamada y vocación como discípulo de Dios y jefe
de discípulos. A primera vista esta llamada implica fuertes exigencias y un
gran acto de fe: Abraham debe abandonar su hogar y su tierra e ir «a tierra extraña»
confiando sólo en Dios.
En el mensaje a Timoteo S.
Pablo exhorta a Timoteo a «asumir la parte que le corresponde en las
privaciones que supone el Evangelio». Vivir de acuerdo con el Evangelio,
anunciarlo y trabajar por él es difícil. Pero paradójicamente es también la mayor
fuente de nuestra esperanza, si miramos más allá de las privaciones, hacia
Cristo, que transforma la pena en gracia.
Mateo nos relata la
transfiguración del Señor ante sus tres discípulos escogidos. ¿Por qué se nos
da a leer un Evangelio tan místico en medio de la Cuaresma, un tiempo de ascética
y conversión?
La respuesta es simple. En
este Evangelio los discípulos pudieron contemplar, aunque muy brevemente, la
plenitud y la gloria de Cristo como fuente de plenitud, gloria y felicidad para
el ser humano. Los discípulos quedaron reanimados en su fe, esperanza y determinación
de seguir a Jesús en sus vicisitudes y de compartir su pasión.
Después de la
transfiguración, aparentemente poco había cambiado en estos discípulos. Sus
defectos continuaron siendo los mismos. Pero a la larga, cuando quedaron
abandonados a sí mismos después de la resurrección de Jesús, y cuando la Iglesia
naciente sufría privaciones y persecución en carne propia, el recuerdo de
Cristo transfigurado fue una inspiración para seguir adelante.
Cuaresma es tiempo de
conversión por la oración, la práctica de la caridad y la renuncia de sí mismo.
Por ello la Cuaresma es un símbolo de la condición de toda nuestra vida en su
lucha para superar el mal y ser mejores. Como los Apóstoles, necesitamos ser
confrontados y recordados del sentido último de esta lucha: Jesús gloria y
plenitud, que estamos llamados a compartir para siempre.
Algunas preguntas para pensar
durante la semana
1. ¿Qué precio (privación)
he pagado por ser seguidor de Jesús?
2. ¿Traigo a la mente mi
destino de felicidad con Dios, en mis tiempos de crisis?
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