domingo 27 de diciembre de 2020,
“La Sagrada Familia de Nazaret: modelo,
aliento y fuerza para nuestras familias”.
Domingo dentro de la Octava de
Navidad -B
Textos: Eclesiástico 3, 3-7.14-17:
Que los hijos honren a sus padres”
Salmo 127: “Dichoso los que viven en tu casa, Señor!”
San Pablo a los Colosenses 3, 12-21: ”Que
la paz de Cristo reine en su corazón”
San Lucas 2, 20-40: ”Llevaron al niño
a Jerusalén para presentarlo al Señor”
Síntesis del mensaje: Esta fiesta
es reciente y fue establecida hace poco más de un siglo por el Papa León XIII
para dar a las familias cristianas un modelo evangélico de vida, virtudes
domésticas y de unión en el amor, para que después de las pruebas de esta vida
puedan gozar en el cielo de la eterna compañía de Dios y de la Sagrada Familia
de Nazaret.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, todos sabemos de
los grandes peligros que hoy sufren algunas de nuestras familias, y que puso en
evidencia el sínodo extraordinario de la familia en octubre de 2014: familias
fragmentadas, heridas, rotas, en necesidades de pobreza, de miseria y de
angustia.
Dificultades internas y externas.
Preocupaciones de tipo laboral y económico; visiones distintas en la educación
de los hijos, provenientes de diferentes modelos educativos de los padres; los
reducidos tiempos para el diálogo y el descanso.
A esto se añaden factores
disgregadores como la separación y el divorcio, y el preocupante crecimiento de
la práctica abortiva. El mismo egoísmo puede llevar a la falsa visión de
considerar los hijos como objetos de propiedad de los padres, que se pueden fabricar
según sus deseos.
Violencia, abusos, alcohol, drogas,
pornografía y otras formas de dependencia sexual. Y también esas
situaciones pastorales difíciles: las uniones libres o en segundas nupcias sin
haber recibido el sacramento del matrimonio. ¿Qué hacer ante estos desafíos?
En segundo lugar, hoy tenemos que
mirar el modelo de la Sagrada Familia para que nos digan el secreto para formar
una familia ideal y podamos lanzar luz a esos desafíos. Cuando Pablo VI estuvo
en Nazaret sacó unas notas o lecciones de la Sagrada Familia de Nazaret, a modo
de fotografía.
“Primero, lección de silencio.
Renazca en nosotros la valorización del silencio, de esta estupenda e
indispensable condición del espíritu; en nosotros, aturdidos por tantos ruidos,
tantos estrépitos, tantas voces de nuestra ruidosa e hipersensibilizada vida
moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento, la interioridad, la
aptitud de prestar oídos a las buenas inspiraciones y palabras de los
verdaderos maestros; enséñanos la necesidad y el valor de la preparación, del
estudio, de la meditación, de la vida personal e interior, de la oración que
Dios sólo ve secretamente.
Segundo, lección de vida doméstica. Enseñe
Nazaret lo que es la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza,
su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su
pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología.
Y tercero, lección de trabajo. ¡Oh
Nazaret, oh casa del “Hijo del Carpintero”, cómo querríamos comprender y celebrar
aquí la ley severa, y redentora de la fatiga humana; recomponer aquí la
conciencia de la dignidad del trabajo; recordar aquí cómo el trabajo no puede
ser fin en sí mismo y cómo, cuanto más libre y alto sea, tanto lo serán, además
del valor económico, los valores que tiene como fin; saludar aquí a los
trabajadores de todo el mundo y señalarles su gran colega, su hermano divino,
el Profeta de toda justicia para ellos, Jesucristo Nuestro Señor!”. (Homilía de
Pablo VI, 5 de enero de 1964 en Nazaret).
Finalmente, debemos
volver una y otra vez al plan originario de Dios para la familia. Es cierto que
Dios comenzó su plan arrancando a Abraham del seno de su familia, pero al mismo
tiempo le hizo la promesa de un descendiente, de un heredero, Cristo, en torno
al cual se formaría la familia perfecta.
Y cuando con brazo poderoso sacó a
los judíos del Egipto lo hizo para constituirlos en pueblo, en familia de Dios.
Siguiendo la misma línea, Dios constituyó luego la Iglesia –nuevo Israel- al
modo de una familia, con un Padre común.
Somos de la familia de Jesús. Y en
esta familia perfecta está el padre, la madre y los hijos. San Pablo en la
segunda lectura de hoy nos da la clave para edificar esta familia de Jesús con
un único cemento: el amor mutuo, hecho humildad, afabilidad, paciencia, perdón,
paz, gratitud, oración, respeto, obediencia. El padre es la cabeza, la madre es
el corazón y los hijos son la corona de esos padres.
Para reflexionar: ¿Qué es lo que
más me impresiona de la Sagrada Familia de Nazaret? ¿Qué es lo que con más
urgencia nuestras familias deberían aprender de la Sagrada Familia de Jesús,
José y María? ¿Cómo debería comportarse la Iglesia con esas familias que están
pasando por graves dificultades.
Para rezar: Sagrada Familia
de Nazaret: enséñanos el recogimiento, la interioridad; danos la disposición de
escuchar las buenas inspiraciones y las palabras de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad del trabajo de reparación, del estudio, de la vida
interior personal, de la oración, que sólo Dios ve en lo secreto; enséñanos lo
que es la familia, su comunión de amor, su belleza simple y austera, su
carácter sagrado e inviolable. Amén.
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